Donald Trump llevó a la ONU a un terreno que muchos en la burocracia global evitaban. La resolución 2803 pasó sin oposición, respaldó su plan para Gaza y autorizó una International Stabilization Force para asegurar el enclave, apoyar a la policía palestina verificada, proteger civiles y operaciones humanitarias, y evitar que se reconstruya infraestructura terrorista.
El dato político central es claro. Según el texto, los 251 rehenes ya están en casa. El alto el fuego sigue, aunque frágil. La Board of Peace reúne a 28 países. La ISF terminó su evaluación previa al despliegue. Y ya se prometieron $17 billion para la reconstrucción.
Antes de ese giro, el autor acusa a altos funcionarios de la ONU de traficar con «caveats», «equivocation», legitimización y demora. También señala a Francesca Albanese, Reem Alsalem y Tlaleng Mofokeng por declaraciones que, según el texto, minimizaron o negaron atrocidades de Hamás y atacaron a Israel y a empresas estadounidenses con presencia en Israel.
El contraste es brutal. La misma institución que en 2023 fue parte del problema ahora quedó obligada a ser parte de la solución. Y no por convicción espontánea, sino porque la realidad y la presión política la arrastraron hasta allí.
Trump también empuja una arquitectura regional que el texto presenta como sobreviviente del 7 de octubre. Los Acuerdos de Abraham siguieron en pie. Además, hubo una reunión de países de esos acuerdos y un encuentro ministerial entre Marruecos e Israel, con acuerdos para ampliar vuelos directos, elevar misiones diplomáticas a embajadas y avanzar en nuevos acuerdos de inversión e impuestos.
Ese es el punto de fondo: cuando el liderazgo deja de rendirse ante la burocracia y ante los expertos de salón, aparecen opciones concretas. No el eterno círculo de condenas, excusas y aplazamientos.
Trump volvió a hacer lo que la casta internacional decía imposible. Apretó a la ONU hasta que adoptó un marco útil. Y eso importa, porque en Medio Oriente la retórica no libera rehenes ni reconstruye ciudades. Lo hacen los hechos, la fuerza diplomática y una estrategia que no le teme al orden.


