Donald Trump reiteró que no firmará el proyecto de ley de vivienda. Lo hizo a través de su red Truth Social. El Congreso ya aprobó la legislación y la envió a la Casa Blanca.
La razón es explícita. Trump la puso por escrito: es «en señal de protesta» porque el Senado «es incapaz de aprobar» la ley «Save America». Esa reforma electoral endurecería los requisitos para registrarse y votar en elecciones federales.
La Constitución le da 10 días al presidente, sin contar domingos, para firmar o vetar. Si no actúa, el proyecto se convierte automáticamente en ley. El plazo vence este sábado.
Trump ya canceló la ceremonia de firma el pasado 24 de junio. La canceló a pocas horas de celebrarse. Desde entonces, la condición es la misma: primero la «Save America Act», después la firma.
El problema es que los propios líderes republicanos del Senado le han dicho repetidamente que no tienen los votos. Trump lo sabe. Aun así, mantiene la presión.
La ley de vivienda en juego no es menor. Contempla aumentar la oferta habitacional, facilitar la construcción y reducir trabas regulatorias. Es, según las fuentes, la legislación más importante en la materia en más de tres décadas. Y es un acuerdo bipartidista: demócratas y republicanos la apoyaron.
Legisladores demócratas y asociaciones de derechos humanos denuncian que la «Save America Act» afectaría a minorías, personas con bajos recursos y votantes vulnerables. Son señalamientos de esos actores, no un hecho verificado por este medio.
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El relato progresista dirá que Trump sabotea la vivienda. La realidad es más incómoda para todos. El Senado republicano no mueve la reforma electoral. Trump responde bloqueando una ley que él mismo impulsó. Resultado: cero firmas, cero viviendas, cero reforma.
Eso es lo que pasa cuando la burocracia legislativa se traba. El ciudadano que necesita una casa queda atrapado entre la parálisis del Senado y la palanca presidencial. Que no te lo cuenten como un drama de un solo lado: aquí hay dos cámaras y un ejecutivo que no se ponen de acuerdo. El costo, como siempre, lo paga el de abajo.



