Donald Trump aseguró este lunes que la relación entre Washington y Caracas atraviesa un momento de cooperación sin precedentes. «Tenemos una excelente relación con Venezuela. Entramos en guerra con Venezuela, la guerra terminó en un día y ahora tenemos una relación increíble con Venezuela», declaró el mandatario en intervención pública.
Trump describió a Venezuela como «un lugar muy feliz» y afirmó que ambas administraciones trabajan «muy de cerca». Según sus palabras, ese entendimiento permitió desarrollar una agenda conjunta que incluye la extracción de petróleo: «Estamos extrayendo millones de barriles de petróleo», señaló, y agregó que los ingresos derivados de esa actividad han compensado «ampliamente» el costo de las acciones ejecutadas por su gobierno.
Sobre la operación militar que precedió a este nuevo escenario, el presidente afirmó que las fuerzas estadounidenses no registraron bajas. «No perdimos a nadie, no perdimos a nadie, no perdimos a nadie», reiteró tres veces, calificando lo ocurrido como «un ataque violento». En ese contexto, Trump señaló que durante la operación fue eliminado Nicolás Maduro, a quien describió como «un hombre muy malvado», y defendió la intervención aduciendo razones de seguridad.
El mandatario también aprovechó para criticar la política migratoria de Joe Biden. Según afirmó, la estrategia de «fronteras abiertas» permitió que personas privadas de libertad salieran de Venezuela hacia Estados Unidos. «Tomamos el control de Venezuela», remató.
Al cierre de su discurso, Trump se refirió al terremoto que recientemente afectó al país caribeño. «Fue un terremoto bastante masivo, mucha gente murió», dijo, y aseguró que EE UU estuvo entre los primeros países en brindar asistencia.
Lo que Trump describe como un éxito de política exterior tiene una lógica que Contrafuego no puede ignorar: petróleo, seguridad y cero bajas propias. Si las cifras que enuncia el presidente son exactas, el cálculo geopolítico es el que siempre debió aplicarse en el hemisferio — presión real, no retórica — en lugar de décadas de sanciones que empobrecieron al pueblo venezolano sin tocar al régimen.
Pero la velocidad del giro es llamativa. El mismo gobierno que catalogaba a Maduro de dictador criminal hoy habla de «llevarse muy bien» con su sucesor. Que no te lo cuenten: el principio en juego no es solo el orden regional, sino quién controla los recursos y bajo qué reglas. La respuesta a esa pregunta determinará si Venezuela recupera instituciones o simplemente cambia de tutor.



