La administración de Donald Trump autorizó a la delegación iraní, encabezada por el presidente Masud Pezeshkian, a viajar a Nueva York para participar la próxima semana en la Asamblea General de la ONU.
Un portavoz del Departamento de Estado dijo que la delegación principal del «régimen iraní» podrá asistir a la Semana de Alto Nivel en cumplimiento de las obligaciones de Estados Unidos como país anfitrión.
Pero el permiso no llega sin freno. La fuente precisó que la delegación será más reducida que la del año pasado. También seguirá sujeta a restricciones durante su estancia en Nueva York, entre ellas la prohibición de adquirir productos de lujo.
Está previsto que Pezeshkian pronuncie su discurso ante la Asamblea General el próximo miércoles. Su viaje, sin embargo, había estado rodeado de incertidumbre, porque Teherán afirmó el lunes que el mandatario aún no había recibido su visado.
La visita ocurre más de seis meses después del inicio de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán. Según la nota, esa ofensiva no ha logrado su objetivo de derrocar al régimen de los ayatolás, y además se han frustrado varios intentos de negociar un acuerdo de paz.
También pesa un dato que Washington no puede esquivar: aunque Estados Unidos e Irán no mantienen relaciones diplomáticas oficiales, la República Islámica tiene diplomáticos acreditados ante Naciones Unidas. Eso obliga a Washington, en virtud del Acuerdo de Sede de la ONU, a facilitar su entrada y permanencia en el país.
El episodio deja una imagen incómoda para la burocracia internacional. Estados Unidos abre la puerta porque le toca, no porque haya confianza. Y lo hace con candado, porque la guerra sigue viva y la relación bilateral está rota.
Que no te lo cuenten: aquí no hay gesto de distensión, sino administración del conflicto. El relato diplomático intenta vestir de normalidad una relación que sigue marcada por sanciones, guerra y control de acceso. Otra vez la doble vara: la ONU exige hospitalidad, pero la política real impone límites, vigilancia y desconfianza.



