El presidente Donald Trump salió al aire este domingo en NBC News para desmentir de frente el anuncio iraní: el estrecho de Ormuz no está cerrado. «El tráfico fluye», reforzó el Comando Central estadounidense (Centcom) en un mensaje en X, donde además advirtió que sus fuerzas están «posicionadas y preparadas» para garantizar la libertad de navegación.
La semana llegó a su tercera ronda de ataques estadounidenses contra Teherán. El detonante inmediato fue un ataque iraní contra un buque con bandera de Chipre en el propio estrecho. Según Trump, la noche del sábado ambos países habían alcanzado lo que él describió como un acuerdo «perfecto» para Estados Unidos. Menos de una hora después, Irán lanzó un dron contra un barco. La respuesta fue inmediata.
«Anoche los bombardeamos a más no poder. Son gente muy, muy malvada y enferma», declaró Trump, según reseñó la agencia EFE.
Del otro lado, la Guardia Revolucionaria iraní había anunciado el cierre del estrecho «hasta nuevo aviso» y advirtió que cualquier intento extranjero de abrir una «ruta ilegal» en la región recibirá una respuesta contundente, según informó la radio estatal iraní IRIB.
Trump prefirió no entrar en demasiados detalles sobre los ataques y dedicó parte de la entrevista a honrar al senador republicano Lindsey Graham, fallecido este domingo.
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Que no te lo cuenten. El estrecho de Ormuz no es un capricho geopolítico: es la yugular del comercio energético global. Aproximadamente un quinto del petróleo mundial transita por ese paso. Cada vez que el régimen de los ayatolás agita la amenaza del cierre, los mercados tiemblan y los consumidores pagan la factura.
Lo que esta semana deja en claro es que la política de presión máxima tiene un corolario inevitable: cuando el adversario prueba los límites, alguien tiene que sostenerlos. Washington lo está haciendo con fuerza militar y con un mensaje inequívoco desde el Centcom. La pregunta que los críticos del intervencionismo deberían responder es cuál sería el costo alternativo de dejar que Teherán convirtiera ese estrecho en su peaje privado. Libre empresa y libre comercio no son abstracciones: necesitan rutas abiertas para existir.



