Donald Trump no guardó silencio. El lunes, frente a periodistas en la Casa Blanca, descargó su frustración contra Jeanine Pirro, la fiscal federal del Distrito de Columbia que él mismo nombró y que acaba de tirar los cargos contra David Hearn, ex olímpico de tres participaciones al que su propia oficina había acusado de destrozar el revestimiento de la piscina reflectante del Lincoln Memorial.
«Estaba decepcionado con Jeanine Pirro, muy decepcionado. Dobló como un paraguas, y la gente se sale con la suya, y eso es una vergüenza», dijo Trump a los reporteros. Y fue más lejos: «Creo que se acobardó porque el juez fue realmente despiadado». «Supongo que se acobardó. No sé qué diablos pasó».
La historia tiene su historia. El 19 de junio, Hearn —67 años, ex canoísta olímpico— se detuvo frente a la piscina durante un paseo en bicicleta, atraído por reportes virales de algas en el agua. Fue arrestado por la Policía del Parque Nacional tras tocar un trozo del revestimiento azul. El 2 de julio, un gran jurado lo imputó por destrucción de propiedad, un cargo de felonía. Pirro aseguró entonces que podía probarlo «más allá de toda duda razonable» y que testigos describieron el comportamiento de Hearn como «beligerante» e «irrespetuoso».
Semanas después, el relato se cayó solo.
La propia oficina de Pirro presentó una moción para retirar los cargos admitiendo que nueva evidencia «socava la base probatoria» de la acusación y que el daño se debió a una «instalación defectuosa» del contratista Atlantic Industrial Coatings, no a vandalismo. Pirro señaló además que el Departamento del Interior la había inducido a creer que «casi todo el daño» era obra de vándalos.
No terminó ahí. El lunes, fiscales del Distrito de Columbia movieron también para retirar los cargos —en este caso, delitos menores de destrucción de propiedad— contra Justin Carreno, Sophie Dennison-Gibby y Cameron Thiers. Según UPI, Trump había afirmado el 23 de junio que las autoridades habían arrestado a seis personas y citado a siete más por vandalismo en la piscina.
La renovación de la piscina costó al erario aproximadamente 15 millones de dólares, según UPI. Poco después de completarse, el agua se volvió verde por algas y el revestimiento azul comenzó a flotar en la superficie. La piscina fue vaciada para reparar el forro y aún no ha sido rellenada.
Diario preguntó a la Casa Blanca si el puesto de Pirro estaba en riesgo. La administración remitió a los comentarios públicos del presidente sin añadir nada más.
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Lo que queda sobre la mesa es incómodo para todos. Un gran jurado acusó a un ciudadano de 67 años por felonía con base en evidencia que la propia fiscalía terminó calificando de insuficiente. El dinero del contribuyente financió una renovación de 15 millones de dólares que produjo un revestimiento defectuoso, algas y un escándalo político. Y el aparato de justicia federal, en lugar de revisar primero la solidez del caso, avanzó a paso de carga hacia la acusación pública.
Trump tiene razón en exigir rendición de cuentas por el estado de los monumentos nacionales. Pero la rendición de cuentas empieza por no llevar a juicio a ciudadanos cuando la evidencia no aguanta. Que no te lo cuenten.



