Donald Trump pidió este jueves a los votantes de Texas que envíen al republicano Ken Paxton al Senado. Lo hizo durante un acto en una planta de Peterbilt en Denton, centrado en la manufactura estadounidense.
Trump elogió la lealtad de Paxton. Recordó que, cuando la «left radical» lo golpeaba con fuerza, Paxton estuvo a su lado «more than anybody». Pero también soltó otra pulla: dijo que Paxton «could be a pain in the *ss sometimes».
Luego remató con una defensa total. Dijo que «we need Ken so badly» y lo calificó como «the greatest attorney general in the United States of America». Paxton compite contra el demócrata James Talarico en una de las contiendas senatoriales más vigiladas del país.
La carrera en Texas ya está ajustada. Una encuesta de Fox News publicada el jueves mostró a Talarico arriba 51% a 49% entre los votantes probables. El mismo sondeo registró a Texas dividido sobre qué partido debería controlar el Senado: 50% para los republicanos y 49% para los demócratas.
También se informó que grupos nacionales republicanos están inyectando dinero en la campaña de Paxton después de que su recaudación quedara por detrás de la de Talarico. Y la pelea llega con menos de cinco semanas para el Election Day, mientras los republicanos defienden una mayoría de 53-47 en el Senado.
Trump, además, volvió a burlarse de Talarico y lo llamó «Tala-freako». Dijo que los republicanos necesitan explicar mejor sus logros a los votantes. Después dejó Texas rumbo a Oklahoma para otro acto de campaña.
Que no te lo cuenten. El cuadro es claro: Trump trata de convertir una contienda reñida en una prueba de disciplina partidaria. Pero la realidad electoral no se arregla con apodos ni con bravatas.
Otra vez la doble vara. El relato de unidad choca con un candidato al que el propio Trump elogia y ridiculiza en la misma frase. Para el votante, lo que importa no es la comedia interna de la casta, sino quién termina controlando el Senado y con qué costo político para los republicanos.



