Un juez del Tribunal de Distrito Federal del Distrito Medio de Florida no archivó la demanda de Donald Trump contra The New York Times. Al contrario: le dio a sus abogados hasta el 27 de agosto para presentar una queja enmendada. Eso es lo que dicen los documentos del tribunal.
Trump lo celebró en Truth Social. «El Fracasado New York Times, tras 10 años de acoso, calumnias y libelo, acaba de fracasar de nuevo en su desesperado intento de que nuestra poderosa demanda por difamación sea desestimada», escribió. Añadió que el juez «altamente respetado» ordenó una queja actualizada que detallará «todas las formas en que el Times ha actuado con malicia real».
La demanda pide 15.000 millones de dólares. Alega décadas de difamación y libelo. Los hechos cubren desde la cobertura del programa The Apprentice hasta reportajes que lo acusaban de maniobras fiscales irregulares.
Los demandados son The New York Times Company, los periodistas Susanne Craig, Russ Buettner, Peter Baker y Michael S. Schmidt, y la editorial Penguin Random House. Craig y Buettner son autores del libro Lucky Loser: How Donald Trump Squandered His Father's Fortune and Created the Illusion of Success, publicado por esa misma editorial.
El Times no respondió a Fox News Digital antes del cierre. Un portavoz ya había dicho antes: «Como señalamos cuando se presentó por primera vez y de nuevo tras la decisión del juez de desestimarlo: esta demanda no tiene mérito. Nada ha cambiado hoy. Es un intento de silenciar...». La cita quedó trunca en los documentos disponibles.
Fox News Digital solicitó comentarios al Times. No hubo respuesta inmediata.
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Lo que está en juego aquí no es solo un pleito. Es la pregunta de fondo: ¿puede un medio de comunicación publicar durante años lo que quiera sobre una figura pública y escudarse en la Primera Enmienda sin rendir cuentas?
El Times lleva una década apostando a que sí. El juez acaba de decirle que la conversación no ha terminado. Para los defensores de la libre empresa y la responsabilidad institucional, eso importa. La prensa tiene derechos. También tiene obligaciones. Y cuando una institución mediática actúa como aparato político disfrazado de periodismo, la doble vara tarde o temprano pasa factura. Que no te lo cuenten.



