El presidente Donald Trump volvió a la carga el domingo. Publicó en Truth Social una captura de documentos judiciales. El objetivo: sostener que el ex olímpico David Hearn dañó deliberadamente el revestimiento de la Lincoln Memorial Reflecting Pool.
Los documentos detallan entrevistas con dos empleados del Servicio de Parques Nacionales (NPS). Ambos limpiaban el interior de la piscina cuando Hearn se acercó. Según el testimonio del empleado identificado como W-1, Hearn primero usó su teléfono para fotografiar o grabar daños existentes en el revestimiento. Luego se arrodilló. Metió ambas manos bajo la superficie del agua. Y comenzó a «violentamente» arrancar y jalar una sección del revestimiento azul.
W-1 pidió a un segundo empleado que llamara a la policía. También le dijo a Hearn que no tocara el revestimiento. Según el documento, Hearn respondió que el personal del NPS era «terriblemente sensible con la piscina». Siguió jalando hasta que llegaron soldados de la Guardia Nacional.
Trump citó ese testimonio en sus propias palabras: «ALERTA: Un empleado de carrera del NPS, un testigo de alta credibilidad, vio a David Hearn (ActBlue) en plena luz del día vandalizar la Reflecting Pool». El presidente afirmó que el empleado entregó su declaración a la Fiscalía de los Estados Unidos a principios de julio.
El caso tiene historia reciente. Hearn fue arrestado el mes pasado por un cargo federal de destrucción de propiedad, un delito grave. Una gran jurado federal lo acusó formalmente. Pero los fiscales federales retiraron el cargo a principios de este mes. Trump no aceptó ese cierre. Instó a la fiscal Jeanine Pirro a reabrir el expediente.
El presidente también alegó que ocurrieron otros incidentes alrededor de la piscina. Entre ellos, el uso de un «material similar al ácido» sobre el césped recién instalado junto al estanque. La fuente no especifica más detalles sobre esos incidentes adicionales.
La Casa Blanca había calificado previamente los hechos como «sabotaje dirigido». Las reparaciones se extendieron más allá de la celebración del 4 de julio, según reportes previos.
Aquí está el fondo del asunto. Un empleado federal de carrera —sin agenda política visible— puso su nombre en un documento judicial. Describió lo que vio. Eso no es un tuit presidencial. Es un testimonio formal ante la Fiscalía.
La decisión de retirar el cargo puede tener razones procesales legítimas. Pero ignorar ese testimonio es otra cosa. El aparato burocrático que archiva casos sin explicación pública le debe una respuesta a los contribuyentes que financiaron esa piscina. Que no te lo cuenten.



