Donald Trump no se conforma con las sanciones. Desde el Despacho Oval, el presidente de Estados Unidos declaró este miércoles que la ley de sanciones actualmente en trámite en el Congreso debe incorporar también aranceles comerciales contra Irán.
«Me gustaría que incluyeran aranceles para Irán, no solo sanciones. Creo que es importante. Eso haría la medida mucho más contundente», afirmó Trump ante los medios, aunque las sanciones vigentes ya restringen de forma estricta el comercio directo entre ambas naciones.
El movimiento llega un día después de que el Senado aprobara por 86 votos a favor y 12 en contra continuar con la tramitación del proyecto. La iniciativa, denominada originalmente Ley de Sanciones a Rusia e introducida en abril de 2025 para penalizar a Moscú por la guerra en Ucrania, incorporó la semana pasada un capítulo de sanciones económicas dirigidas a Irán a solicitud expresa de la Casa Blanca.
Trump también vinculó la propuesta a la memoria del senador republicano por Carolina del Sur Lindsey Graham, fallecido recientemente y señalado como uno de los arquitectos fundamentales del paquete normativo. «Eso es lo que quería Lindsey», remarcó el presidente.
Con el receso de verano del Capitolio acercándose —lo que amenaza con postergar la aprobación definitiva del texto—, Trump instó a los legisladores a acelerar los trabajos parlamentarios. «Bueno, para ser sincero, no debería ser necesario. Pero si hace falta, me gustaría que lo hicieran», dijo sobre la posibilidad de que los senadores acorten su pausa.
Que no te lo cuenten. Lo que está sobre la mesa es una doctrina de presión máxima con dos palancas simultáneas: aislar financieramente a Teherán y encarecer cualquier flujo comercial que pueda sortear ese aislamiento. El voto del Senado —86 a 12— no es un resultado reñido; es una señal de que el consenso bipartidista sobre Irán sigue siendo más amplio de lo que el relato mediático suele admitir.
El principio es sencillo: cuando las sanciones pueden eludirse a través del comercio, los aranceles cierran esa puerta. No es retórica; es arquitectura de política exterior. La pregunta ahora es si el Congreso tendrá la disciplina de votar antes de que el receso veraniego le dé a Teherán otro regalo de tiempo.



