Donald Trump publicó este jueves en Truth Social una exigencia que nadie esperaba ver por escrito. El acuerdo de cooperación nuclear civil negociado entre Washington y Riad «será aprobado, pero está totalmente condicionado a que Arabia Saudita se adhiera a los muy respetados y exitosos Acuerdos de Abraham». Así, de un posteo, el presidente metió la diplomacia regional en el paquete energético.
El pacto, conocido como «Acuerdo 123» bajo la legislación estadounidense de energía atómica, busca que empresas de Estados Unidos participen en el desarrollo nuclear civil saudita. Tiene una vigencia proyectada de 30 años. La Casa Blanca sostiene que cumple los estándares internacionales de no proliferación y que «no incluirá el enriquecimiento de material». Aun así, el acuerdo debe pasar por el Congreso norteamericano antes de entrar en vigor.
El problema es el siguiente. Arabia Saudita ha dejado en claro, en repetidas ocasiones, que no reconocerá a Israel sin una hoja de ruta creíble hacia un Estado palestino. Netanyahu, por su parte, no acepta esa condición. Las conversaciones ya estaban prácticamente paralizadas desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Trump acaba de añadir otro candado.
Las voces críticas llegaron desde Israel antes incluso de que Trump publicara su exigencia. El ex primer ministro Naftali Bennett advirtió que el acuerdo «es un grave fracaso estratégico que pone en peligro nuestra seguridad». El ex ministro de Defensa Avigdor Lieberman fue más directo: según él, el programa «culminará en armas nucleares y dará lugar a una carrera armamentística desmedida en todo Medio Oriente». Desde el gobierno de Netanyahu, el ministro de Economía Nir Barkat dijo que si el objetivo es «pacífico y energético», Israel podía «gestionarlo».
La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que la administración seguirá hablando con los sauditas para «verlos unirse a los Acuerdos de Abraham muy pronto». La oficina de Netanyahu, por su parte, celebró la acción militar conjunta contra Irán y afirmó que «la adhesión de Arabia Saudita sería un salto histórico hacia la paz». Cerró con dos palabras: «Paz a través de la fuerza».
Que no te lo cuenten. Trump está jugando una partida de ajedrez con tres tableros al mismo tiempo: el nuclear, el diplomático y el electoral israelí. La lógica es clara desde la línea de libre mercado y soberanía que defiende esta casa. Un acuerdo civil con garantías reales de no proliferación, atado a normalización diplomática, es preferible a dejar el espacio libre para que Riad busque tecnología en otro lado. El riesgo no es el acuerdo en sí. El riesgo es que el nudo político lo haga imposible y la región siga acumulando tensión sin árbitro.
La burocracia del Congreso, la rigidez de Riad y la aritmética electoral de Netanyahu pueden enterrar lo que sobre el papel es la movida geopolítica más ambiciosa de Trump en Medio Oriente. El relato de la paz regional se sostiene solo si alguien cede. Por ahora, nadie lo ha hecho.



