Donald Trump volvió a la carga contra México. En un solo fin de semana firmó una orden, soltó una burla comercial y publicó un mapa que borra el nombre del país vecino.
El sábado 5 de septiembre instruyó a su secretario de Interior, Doug Burgum, a revisar si el lobo gris mexicano debe salir de la lista de especies protegidas. La medida busca dar a los rancheros vía libre para matarlos. Ya lo había intentado en su primer mandato, pero un tribunal lo frenó.
Después vino el golpe comercial. Trump dijo que México «no tiene nada que ofrecer», salvo «tamales calientes y tomates». Aseguró que Estados Unidos pierde 195 mil millones de dólares al año con México. Y remató: «tenemos petróleo, lo tenemos todo».
Pero no rompió nada. «No quiero hacer eso porque nos llevamos muy bien con la presidenta. Nos cae bien, la respetamos mucho», dijo sobre Claudia Sheinbaum. El insulto y el elogio conviven en la misma frase.
El domingo llegó el tercer dardo. Trump publicó en Truth Social un mapa de Nuevo México. Tachó la palabra «México» y la sustituyó por «Nueva América». No es la primera vez que juega con los nombres del mapa: ya cambió el Golfo de México por Golfo de América y el lago Ontario por «lago de América», aunque ese decreto solo aplica en referencias oficiales estadounidenses. Canadá no está obligado a nada.
Con Canadá, la tensión es más dura. Ottawa rechazó los términos comerciales de Washington y no hubo acuerdo. El resultado: aranceles del 50% a productos canadienses, con un impacto estimado en 20 mil millones de dólares en mercancías. Canadá ya advirtió represalias.
Que no te lo cuenten como un choque diplomático cualquiera. Es la marca registrada de Trump: golpear con la retórica, mantener el negocio intacto. Insulta al país, halaga a la presidenta, y el comercio sigue corriendo como si nada. Ese es el verdadero mensaje detrás de los tamales y los mapas.
El relato de la «relación especial» con México se sostiene mientras convenga a Washington. Sheinbaum recibe elogios personales mientras su país es tratado como territorio sin nada que aportar, salvo lo que Estados Unidos necesita comprar. La pregunta que debería incomodar en Palacio Nacional no es si Trump exagera. Es por qué el gobierno mexicano no ha puesto sobre la mesa una respuesta firme ante la burla explícita a la soberanía territorial, incluido un mapa que directamente borra el nombre del país.
La doble vara es evidente. Trump amenaza, humilla y al mismo tiempo felicita. Y del otro lado del río Bravo, silencio institucional. Eso también es un dato, aunque no aparezca en ningún comunicado oficial.



