El barril Brent cotiza este martes a US$ 87,03. Sube 4,45% en la jornada. Desde los mínimos de julio acumula un alza de 23%, según Tradingview. El WTI avanza 3,34% hasta US$ 80,75. Niveles no vistos desde finales de junio.
El detonante es directo: Donald Trump anunció el lunes que Estados Unidos cobrará tarifas a los buques que transiten por el Estrecho de Ormuz. La tasa: 20% sobre toda la carga transportada. Trump describió a su país como el «guardián» de esa ruta. Horas después, el Comando Central confirmó que el bloqueo a los puertos iraníes cercanos al estrecho entraría en vigor este mismo martes.
El mercado reaccionó con fuerza. El Brent saltó más de 10% solo el lunes. La analista Emanoelle Santos, de XTB, explica por qué: hay dos primas de riesgo activas al mismo tiempo. Una es la clásica, geopolítica. La otra es nueva: el peaje estructural que encarece el transporte aunque el estrecho siga operativo. Dos factores. Un solo precio.
Citi advirtió que la propuesta eleva «de manera relevante» el riesgo de una mayor escalada militar. El banco también señaló que Irán podría alejarse del memorando de entendimiento hasta después de las elecciones legislativas de mitad de período en Estados Unidos. Ese escenario, según Citi, derivaría en «precios del petróleo más altos por más tiempo».
El contexto importa. Cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo transitaba por Ormuz antes de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. El tráfico cayó cuando Irán comenzó a atacar embarcaciones en marzo. Había empezado a recuperarse. Ahora vuelve la tensión.
Julius Baer matiza. El banco suizo considera que el conflicto «sigue en una fase de negociación». Cree que el pragmatismo acumulado en semanas recientes no se revertirá de forma duradera. Agrega que las cadenas de suministro deberían amortiguar una interrupción prolongada, dado el flujo abundante de las últimas semanas.
Que no te lo cuenten. Lo que ocurre en Ormuz no es solo geopolítica de titulares. Es energía. Es costo de transporte. Es inflación en la cadena productiva global. Cada punto porcentual que sube el barril llega, tarde o temprano, al surtidor y a la factura industrial. Trump mueve una ficha de presión máxima sobre Teherán. El cálculo es legítimo desde la lógica de fuerza. Pero el mercado no espera: cobra por adelantado. Y quien paga, siempre, es el consumidor y la empresa que produce.



