Donald Trump viajó el miércoles a Marietta, Georgia. Su objetivo: movilizar a sus seguidores en favor de requisitos de votación más estrictos en todo el país. El acto se celebró en los suburbios de Atlanta, zona políticamente competitiva.
El presidente instó a sus seguidores a llamar a John Thune, líder de la mayoría republicana en el Senado. La presión apunta a que Thune impulse el proyecto de ley electoral del gobierno. Ese proyecto establece controles más estrictos para votar a nivel federal.
Pero quien acaparó la atención fue otro. Un imitador de Trump —cuya identidad no fue revelada— apareció al fondo de la transmisión. Reproducía los gestos más reconocibles del mandatario mientras este hablaba. Parte del público reaccionó con risas. Las redes sociales hicieron el resto.
El contexto importa. Según una revisión de Reuters, Trump ha cuestionado el sistema electoral de Georgia al menos nueve veces este año en actos públicos y entrevistas. En un podcast de junio afirmó que las elecciones de 2020 en ese estado estuvieron amañadas. Días después, en un acto telefónico, sostuvo: «Nuestras elecciones son corruptas». El miércoles repitió que algunas victorias republicanas «no van a ser tan fáciles con el fraude y todo lo demás que está ocurriendo».
No todos en el partido comparten el entusiasmo. Eric Johnson, exlíder republicano del Senado de Georgia y presidente de RightCount, lo dijo sin rodeos: «Es menos probable que los seguidores del presidente Trump vayan a votar cuando él pone en duda la validez del proceso electoral». Georgia tiene un escaño en el Senado en juego en noviembre. El control del Congreso depende, en parte, de lo que pase allí.
El acto fue el primer evento de campaña de Trump desde su discurso en horario central desde la Casa Blanca la semana pasada. Antes de volar a Georgia, asistió a una ceremonia en honor a cuatro militares estadounidenses muertos en ataques iraníes en Medio Oriente.
Aquí hay una tensión real que el relato oficial no resuelve. Trump necesita a Georgia. Georgia necesita que sus votantes lleguen a las urnas. Pero cada vez que el presidente siembra dudas sobre el proceso, una parte de su propia base puede quedarse en casa. La burocracia electoral que critica es, en muchos estados, administrada por republicanos. La doble vara tiene un costo electoral medible. Que no te lo cuenten como si fuera solo un problema de imagen.



