La paciencia de Donald Trump con el Senado llegó a su límite esta semana. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, lo dijo sin rodeos ante los reporteros: «Su paciencia se acaba. Quiere ver aprobada la mayor parte posible de la SAVE America antes del receso de agosto».
El destinatario del mensaje fue el líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune. Y Thune no se quedó callado.
«Bueno, quizás ella u otra persona debería agarrar el teléfono y conseguir los votos. Aquí se necesitan 50», respondió Thune a periodistas en los pasillos del Capitolio. «En lugar de señalar a los republicanos, deberían ir tras quienes lo están bloqueando en el piso, que son los demócratas. Y si hay republicanos a los que creen que pueden convencer, llamen. Llevémoslos al sí».
El enfrentamiento escala un conflicto que ya venía hirviendo. Trump había subido la presión el miércoles en un mitin en Georgia, donde pidió directamente a sus seguidores que inundaran de llamadas la oficina de Thune. «Tenemos que aprobar la Ley SAVE America para defender las elecciones americanas. Es como si el Senado fuera el lugar adonde mandas las cosas cuando quieres que mueran», dijo el presidente. «No vamos a tolerar esto más».
El contexto legislativo complica el panorama para el ala más impaciente del movimiento MAGA. Los demócratas se oponen en bloque a la legislación, argumentando que disenfranchisaría a millones de votantes. Eso obliga a Thune a buscar 60 votos para superar el filibúster, o bien 50 si se logra encauzar la medida por el proceso de reconciliación presupuestaria, donde tampoco hay garantía de apoyo unánime republicano.
Mientras tanto, la Cámara de Representantes aprobó esta semana una tercera versión de la ley, esta vez adjuntándola al Stop Insider Trading Act, que prohíbe a miembros del Congreso comprar y vender acciones. El paquete combinado pasó por 232 votos contra 198, con 13 demócratas sumándose a los republicanos, según reportó The Daily Wire.
La presión desde la propia bancada republicana también creció. El representante Andy Ogles (R-TN) publicó en redes sociales que si Thune «no quiere llevar la Ley SAVE America al piso del Senado, debería hacerse a un lado».
Aquí está el nudo del problema: el aparato republicano controla la Casa Blanca, la Cámara y el Senado, y aun así no puede entregar una prioridad legislativa que Trump lleva meses exigiendo. El Senado, con sus reglas de supermayoría, actúa como amortiguador burocrático que convierte mandatos electorales en negociaciones interminables. La burocracia parlamentaria tiene sus propias reglas, y ni el mandato popular ni la presión presidencial las doblan fácilmente.
Que no te lo cuenten: el verdadero debate no es entre Trump y Thune. Es sobre si las instituciones del Estado están diseñadas para ejecutar lo que los votantes eligieron, o para diluirlo.



