Donald Trump volvió a poner a Henry Cuellar en el centro del escenario político. Esta vez lo hizo con una mezcla de elogio para su rival y desprecio para el congresista que perdonó el año pasado.
Trump llamó a Cuellar «a loser» en una publicación larga en Truth Social. También dijo que esperaba que, después del perdón presidencial, el demócrata hubiera pasado al Partido Republicano. Según Trump, eso habría sido lo lógico para alguien al que, en sus palabras, «the people that saved him from years in prison» habían rescatado.
El presidente perdonó a Cuellar y a su esposa el año pasado. Ambos enfrentaban cargos relacionados con soborno y lavado de dinero. Cuellar, que ocupa un escaño en la Cámara desde 2005, ahora busca la reelección.
En su mensaje, Trump insistió en que no hizo «ningún trato» con el congresista. También afirmó que Cuellar fue «perseguido por los demócratas» porque no les gustaba. Luego fue más lejos y dijo que el legislador «right now, should be serving a longterm jail sentence with his wife in a top level penitentiary».
Trump, además, convirtió la contienda en Texas en una especie de factura política. Dijo que Tano Tijerina, su rival republicano, es una «STAR» y expresó que espera que gane. Lo describió como «a legendary Baseball Star, Great Athlete, respected County Judge, and fine person».
La pelea deja una imagen incómoda para el aparato político de Washington. Un presidente que perdona, un congresista que no cambia de bando y una élite que convierte cada gesto institucional en una guerra de lealtades. Otra vez la doble vara.
Para el votante, el fondo es más simple que el relato. Si un político recibe el perdón del poder y aun así se queda donde estaba, el mensaje es que la gratitud vale menos que la casta partidista. Y si además el episodio termina usado como arma electoral, el ciudadano vuelve a quedar mirando cómo la burocracia política reparte favores, castigos y propaganda como si fueran lo mismo.


