Donald Trump viajó a Las Vegas para hablar de economía. Lo que se llevó la atención —al menos por unas horas— fue otra cosa: su pelo.
Las imágenes del mandatario durante el acto en Nevada mostraron una cabellera aparentemente más rubia, voluminosa y tupida que la habitual. Las redes sociales hicieron el resto.
En X circularon imágenes generadas por IA de Trump respondiendo preguntas cerca del Marine One con un enorme peinado rubio de alto volumen. Otra lo mostraba desde un ángulo de 360 grados con abundante cabellera. En una más, los miembros del gabinete aparecían con crecidos peinados rubios. Los memes se multiplicaron en minutos.
El periodista y comentarista Aaron Rupar preguntó en X: «¿Es un peluquín o se hizo un trasplante?». Otro usuario fue más categórico: «No hay manera de que ese sea el verdadero pelo de Trump. ¡Absolutamente ninguna!». Pero también hubo elogios. «Esta es la prueba de que el presidente Trump está rejuveneciendo. Su pelo se ve realmente fantástico», escribió un seguidor.
La respuesta oficial fue breve y sin drama. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo: «La iluminación lo es todo», atribuyendo el efecto a la iluminación LED del Red Rock Casino, sede del discurso.
No es la primera vez que el tema ocupa más espacio del que merece. La cabellera de Trump es, desde sus años como empresario inmobiliario y estrella de reality shows, uno de sus rasgos más reconocibles —y más parodiados—. En 2018, durante la Conferencia de Acción Política Conservadora, el propio presidente lo admitió sin rodeos: «Me esfuerzo al máximo por ocultar esa calva, amigos. Trabajo duro en ello». Su médico ha revelado que desde hace tiempo utiliza medicamentos para combatir la caída del pelo. Ahora, a sus 80 años, la aparente transformación relanzó las especulaciones: ¿cambio de peluquero, nuevo tratamiento, más tintura, trasplante? Por ahora no hay explicación oficial ni evidencia de ningún procedimiento.
Que no te lo cuenten: Trump fue a Las Vegas a hablar de economía —el tema que define su segundo mandato— y la conversación pública derivó durante horas hacia su peinado. Es el tipo de distracción que el ciclo de noticias produce con pasmosa eficiencia, útil para quienes prefieren no discutir políticas y cómoda para quienes solo buscan el meme del día. El presidente llegó con agenda; Internet llegó con tijeras. Al final, como siempre, Trump terminó siendo el centro de atención de todas formas. Eso, al menos, no ha cambiado.



