La Administración Trump solicitó este lunes a la Corte Suprema que autorice la implementación de una orden ejecutiva sobre el voto por correo. El tribunal federal de apelaciones había bloqueado partes clave de esa orden. Ahora el Ejecutivo sube la apuesta.
La orden, firmada en abril, exige que el Servicio Postal distribuya boletas únicamente a electores que aparezcan como elegibles en registros estatales. Esos registros se construirían con datos del Departamento de Seguridad Nacional. Más de veinte estados y el Distrito de Columbia demandaron al Gobierno casi de inmediato. Argumentaron inconstitucionalidad y supresión del voto.
La respuesta demócrata no se hizo esperar. La gobernadora de Massachusetts, Maura Healey, escribió en X: «se trata de un ataque al derecho constitucional de los estadounidenses a votar». Healey forma parte de la demanda contra la orden. Aseguró que en su estado las elecciones «son seguras y accesibles».
El senador demócrata por Arizona Rubén Gallego fue más directo. Según él, Trump «intenta manipular las elecciones» porque sus políticas le están costando votantes. Gallego destacó que alrededor del 80% de los habitantes de Arizona vota por correo. Dijo que el sistema ha probado ser eficaz y seguro.
Beatriz López, vocera de Voto Latino, advirtió que la orden golpearía a los electores hispanos. «Aquí no se trata de la integridad electoral. Se trata de poder», afirmó. Congresistas demócratas como Suzan DelBene y Stephen Lynch también calificaron la medida de «inconstitucional».
Que no te lo cuenten. El debate de fondo no es nuevo. Cada ciclo electoral, la izquierda defiende el voto por correo masivo como conquista democrática. La derecha señala los riesgos de verificación. Aquí el Ejecutivo no propone eliminar el voto por correo. Propone cruzar registros con datos federales antes de enviar boletas. Eso es control, no supresión.
El relato de la «supresión» tiene un problema: requiere asumir que verificar la elegibilidad del votante es antidemocrático. Contrafuego no lo asume. La Corte Suprema tiene ahora la palabra. Lo que decida redefinirá las reglas del juego para noviembre.



