Donald Trump no habló en código. Durante un acto este jueves en la sede de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), el presidente de Estados Unidos afirmó que su secretario de Energía, Chris Wright, «está dirigiendo Venezuela» y lo está haciendo «mejor que nadie nunca antes».
Cuando le preguntaron por los resultados, Trump fue igual de directo: «Nosotros también estamos ganando mucho. Y creo que tenemos derecho a ello. Fue una guerra de un solo día».
Los hechos que respaldan la afirmación
Wright viajó a Venezuela el 11 de febrero de 2026. Se reunió con la presidenta interina Delcy Rodríguez, visitó instalaciones petroleras y avanzó en el acuerdo energético entre Washington y las nuevas autoridades venezolanas. Dos días después, el 13 de febrero, el Departamento del Tesoro aprobó las licencias generales 49 y 50, que permitieron a Chevron, BP, Eni, Shell y Repsol reanudar operaciones en el país y abrieron la puerta a nuevas inversiones en el sector petrolero y gasístico bajo autorización estadounidense.
Desde entonces, Wright ha negociado directamente con las petroleras y supervisa el esquema de comercialización del crudo venezolano. La Administración Trump busca que la recuperación del sector atraiga hasta 100.000 millones de dólares en inversiones, con prioridad para empresas estadounidenses, mientras mantiene bajo su control los ingresos derivados de las ventas de petróleo.
El contexto más amplio lo trazó el secretario de Estado Marco Rubio ante el Congreso: la estrategia combina contención institucional, «cuarentena petrolera», reformas económicas y construcción de un nuevo marco democrático, según informaron las fuentes.
A todo esto se suma el desafío de la reconstrucción tras los terremotos del 24 de junio. El Banco Mundial estimó este jueves en 19.600 millones de dólares los daños físicos directos y advirtió que una reconstrucción lenta podría frenar la recuperación económica del país durante la próxima década.
Lo que el relato progresista no quería que pasara
Durante años, la narrativa dominante sostuvo que cualquier acercamiento a Venezuela era complicidad y que el chavismo era inamovible. Lo que muestran los hechos es otra cosa: una administración que combinó presión, captura del liderazgo responsable del desastre y apertura selectiva al capital privado logró lo que décadas de declaraciones y sanciones mal diseñadas no consiguieron.
El modelo es claro: libre empresa como palanca de reconstrucción, empresas estadounidenses como beneficiarias directas y Washington como árbitro del flujo de ingresos petroleros. Que no te lo cuenten como si fuera imperialismo. Llámalo por su nombre: resultados.



