La Administración Trump despachó esta semana a Caracas a una delegación de alto nivel para reunirse con Delcy Rodríguez y con su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional venezolana. La visita no fue protocolaria: la encabezaron Jeremy Lewin, del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, y Caleb Orr, secretario adjunto de Estado para Asuntos Económicos, Energéticos y Empresariales. Los acompañó John Barrett, encargado de negocios estadounidense en Caracas, junto a otros funcionarios del Departamento de Estado.
Sobre la mesa estuvieron tres asuntos concretos: la administración de los ingresos petroleros venezolanos, la reconstrucción tras los terremotos y la apertura del país a nuevas inversiones energéticas. El trasfondo inmediato es una polémica que crece en Washington por la falta de información sobre el destino de más de 13.000 millones de dólares generados por el petróleo venezolano, según informó ABC.
La composición de la delegación lo dice todo. Orr maneja la política económica y energética hacia Venezuela. Lewin conoce los mecanismos de ayuda exterior y reconstrucción. Barrett conduce la relación diplomática sobre el terreno. Del otro lado, los hermanos Rodríguez concentran buena parte del poder institucional que quedó en pie tras la captura de Nicolás Maduro.
Estados Unidos sigue reclamando formalmente elecciones libres y la liberación de presos políticos. Pero cuando se trata de administrar petróleo, ayuda y contratos de reconstrucción, sus interlocutores son exactamente los mismos que sostienen ese régimen.
Lo que esto revela es incómodo, pero hay que decirlo sin rodeos. Washington negocia con quienes controlan el aparato chavista mientras 13.000 millones de dólares en ingresos petroleros no tienen explicación pública. El libre mercado y la inversión energética son objetivos legítimos; la transparencia sobre ese dinero, también. La pregunta que nadie en la Casa Blanca ha respondido todavía es a quién beneficia ese flujo de caja y bajo qué reglas opera.
Que no te lo cuenten: la realpolitik petrolera tiene un costo, y ese costo lo paga primero el pueblo venezolano, que lleva años esperando que «presión máxima» signifique algo más que una reunión con los hermanos Rodríguez.


