La segunda administración de Donald Trump firmó el Memorándum Presidencial de Seguridad Nacional número 11 (NSPM-11), una directiva que revocó de inmediato las salvaguardas burocráticas previas bajo el argumento de que ralentizaban la adopción de inteligencia artificial frente a competidores estratégicos como China. El movimiento se enmarca en un megaplán de infraestructura que movilizará hasta 500.000 millones de dólares para consolidar la dominación estadounidense en el ámbito gubernamental y en el campo de batalla.
El NSPM-11 opera sobre tres pilares. Primero, obliga a las agencias de inteligencia y defensa a reducir los plazos de contratación con empresas de software a un máximo de 120 días. Segundo, instruye a las Fuerzas Armadas a integrar modelos comerciales existentes en lugar de construir software propio desde cero. Tercero, prohíbe a los proveedores privados degradar, modificar o desconectar sistemas de IA de uso militar sin autorización estatal, bloqueando así que comités éticos corporativos interrumpan operaciones en combate.
En paralelo, Sam Altman, CEO de OpenAI, presentó al presidente Trump y a las autoridades del Tesoro y Comercio una propuesta para otorgarle al gobierno estadounidense una participación accionaria del 5 % en OpenAI, con intención de extender el modelo a otras empresas tecnológicas de frontera a través de un fondo soberano. A cambio, las firmas aseguran acceso prioritario a subsidios para centros de datos y energía nuclear dentro del plan de 500.000 millones. Este esquema sigue el precedente de la participación del 10 % que la administración tomó en Intel Corp tras una inversión de 8.900 millones de dólares.
El renovado Departamento de Guerra, liderado por Pete Hegseth, lanzó la Estrategia de Aceleración de IA para transformar la defensa en una fuerza «AI-First». Su plataforma GenAI.mil ya es utilizada por más de 1,3 millones de militares, civiles y contratistas para automatizar tareas de planificación y reducir tiempos de trabajo de meses a días. El Pentágono cerró además acuerdos de despliegue en redes clasificadas con OpenAI, SpaceX, Google, NVIDIA, Microsoft, Amazon Web Services y Oracle.
En el terreno, el Maven Smart System, potenciado por Palantir, consumió más de 20.000 millones de tokens diarios durante la operación Epic Fury en Medio Oriente y coordinó más de 13.000 ataques aéreos de precisión, reduciendo los tiempos de análisis táctico de horas a minutos. Según informes de inteligencia, el Pentágono utilizó el modelo Claude, de Anthropic, durante la operación militar que derivó en la captura de Nicolás Maduro en Caracas en enero de 2026.
Lo que está en juego aquí va más allá de la tecnología: es la pregunta de quién fija las reglas del próximo orden mundial. Washington apostó por desregular, acelerar y privatizar la innovación en lugar de ahogarla en burocracia. El resultado, por ahora, son 13.000 ataques coordinados con precisión quirúrgica y una plataforma que ya usa más de un millón de personas en uniforme. Que no te lo cuenten como un debate académico sobre ética algorítmica: esto es geopolítica dura, y EE.UU. decidió jugarla en serio.



