El petróleo intermedio de Texas (WTI) cerró este viernes a 71.41 dólares el barril, una caída del 0.93% respecto a la sesión anterior, después de que Donald Trump anunciara que Estados Unidos e Irán continuarán negociando pese al fin de la tregua.
Los contratos de futuros del WTI para agosto restaron 0.67 dólares al cierre. Con todo, en el conjunto de la semana el barril de Texas acumula una revalorización del 4%, impulsada principalmente por la reanudación de hostilidades en el golfo Pérsico.
Trump fue directo en Truth Social: «La República Islámica nos pidió continuar las 'conversaciones'. Aceptamos hacerlo, pero EUA les declaró, en términos no inciertos, que el alto el fuego está ACABADO». El mandatario también afirmó haber dado instrucciones al Pentágono para bombardear Irán a «niveles nunca antes vistos» si se descubre un complot para asesinarlo.
Mientras tanto, Irán insistía este viernes en mantener el control del estrecho de Ormuz, la arteria por la que transita una fracción crítica del crudo mundial, a pesar de los ataques de los últimos dos días. Esa postura volvió a hundir al mercado en la incertidumbre sobre el suministro.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) aportó contexto: el tránsito de crudo y derivados por Ormuz se había disparado en junio gracias al alto el fuego previo entre Washington y Teherán. Ahora, con la nueva escalada, el organismo advirtió que «la reanudación de los enfrentamientos armados en el golfo esta semana pone de relieve los riesgos de no alcanzar un acuerdo de paz duradero, algo imprescindible para la normalización de los mercados petroleros».
La lógica de mercado es sencilla: diálogo baja el precio, escalada lo sube. El hecho de que el WTI haya cedido hoy sugiere que los inversores apuestan, por ahora, a que las conversaciones evitarán el peor escenario.
Lo que está en juego es mayor que el precio del barril. Ormuz no es solo una línea en el mapa: es la válvula de paso de la economía global. Que Irán siga reclamando su control mientras negocia con Washington revela que Teherán no ha abandonado su palanca de presión más valiosa. Trump lo sabe, y su doble mensaje —hablamos, pero el Pentágono está listo— es precisamente la única postura que mantiene viva la presión sin cerrar la salida diplomática. El relato de que la máxima presión no funciona se cayó solo: la República Islámica fue quien pidió retomar las conversaciones.



