Un libro de Massimo Gaggi y Tamara Jadrejcic pone el foco en un Estados Unidos que no entra en el escaparate oficial: fracturas sociales, crisis sanitaria, violencia armada y una fe cada vez más cargada de política.
El volumen, titulado Estados Unidos por dentro. Retrato de un sueño en crisis, fue publicado en español por Edhasa y parte de historias recogidas desde la Rust Belt, los Apalaches, Manhattan y Alaska.
Entre los datos que recoge está el golpe de los opioides: solo en 2022, esas sustancias causaron la muerte de 108.000 personas en todo el país. También señala que el peso medio de los estadounidenses aumentó siete kilos durante el último cuarto de siglo y que la expectativa media de vida dejó de crecer.
La desigualdad aparece con crudeza en Manhattan. Según el libro, al sur de la calle 96 predominan barrios con gimnasios, entrenadores personales, alimentos orgánicos, seguros médicos y una expectativa de vida de 85 años. Al norte, en Harlem y el Bronx, la alimentación es barata y de baja calidad, y la diferencia en la expectativa de vida llega a diez años.
Los autores también describen restaurantes que exigen a sus clientes firmar exenciones de responsabilidad ante el riesgo de morir por comer en exceso, con menús que incluyen hamburguesas de 20.000 calorías. Y vinculan esa lógica con un mercado alimentario donde los consumidores «votan con el tenedor» y las empresas que intentan ofrecer opciones más saludables pierden participación.
En otro plano, el libro pone la lupa sobre la política y la religión. Cita a Lorenzo Sewell, pastor de una de las 12 congregaciones evangélicas afroamericanas de Detroit que viraron hacia la derecha, quien dijo: «A los negros, los demócratas nos explotaron durante demasiados años. Trump fue el primero que realmente se ocupó de nosotros y vino aquí a hablarnos. A veces Dios se sirve de un pecador para sus designios».
También aparece Joel Osteen, cuyos sermones-espectáculo dominicales llegan a audiencias masivas mediante transmisiones mundiales. Y se menciona que Trump levantó una Biblia ante las cámaras y lanzó el lema «Hagamos que Estados Unidos rece otra vez».
El libro sitúa además a empresarios de la inteligencia artificial que apoyaron a Donald Trump como actores que, según los autores, vieron en él la capacidad de habilitar una etapa tecnoautoritaria. En el otro extremo, Estados Unidos acumula 393 millones de armas, una proporción de 120 por cada 100 habitantes, recién nacidos incluidos.
La radiografía se completa con Alaska, donde desaparecen miles de personas cada año y los fenómenos magnéticos pueden desviar una brújula hasta 30 grados.
La lectura de fondo es incómoda: el poder, la fe, la comida, la tecnología y las armas conviven en un país que ha perdido cohesión. El problema no es solo Trump, ni solo la decadencia cultural que describen Gaggi y Jadrejcic. Es un aparato social que ha dejado de ofrecer certezas, mérito y orden a buena parte de su propia población.
Y cuando una nación de ese tamaño normaliza la obesidad masiva, la adicción, la fragmentación y la violencia armada, el costo no lo paga la retórica de Washington. Lo paga la vida cotidiana de millones. Que no te lo cuenten.



