Donald Trump lo dijo sin rodeos. «A partir de ahora, todos y cada uno de los daños causados a barcos, carga o cualquier cosa relacionada con ello, serán pagados con dinero iraní que Estados Unidos tiene en su poder y controla», publicó el presidente en redes sociales este jueves.
Los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, atacaron dos petroleros saudíes en el Mar Rojo. El golpe tensó aún más los flujos energéticos mundiales. Trump respondió con una medida que mezcla presión diplomática y compensación económica.
Estados Unidos tiene dentro de sus fronteras fondos iraníes bloqueados por un valor aproximado de 2 mil millones de dólares. Una porción mucho mayor está retenida en jurisdicciones de otros países. Las estimaciones varían entre 24 mil y más de 100 mil millones de dólares. Las sanciones estadounidenses prohíben su transferencia.
El presidente no dio detalles sobre el mecanismo. No aclaró si Washington pagaría directamente a las navieras afectadas. La arquitectura concreta del plan sigue en el aire.
El contexto complica el cuadro. En junio, Trump y el presidente iraní Masoud Pezeshkian firmaron un memorando de entendimiento. El documento incluía la liberación de esos fondos, el levantamiento de sanciones y una iniciativa de 300 mil millones de dólares para invertir en Irán. Pero el memorándum era vago sobre cuándo y bajo qué condiciones Irán podría acceder al dinero. La posterior reanudación de la guerra frustró el acuerdo de paz contemplado en ese texto.
Hay otro frente abierto. Víctimas de ataques terroristas vinculados a Irán durante las últimas décadas reclaman que esos fondos las indemnicen a ellas primero. No a las compañías navieras. La disputa por quién cobra antes no es menor.
Que no te lo cuenten. Trump usa el dinero del régimen para cubrir el costo del caos que ese mismo régimen financia. Es una lógica directa: quien arma al agresor paga los vidrios rotos. El principio es sólido. La ejecución, por ahora, es una promesa sin reglamento.
El fondo del asunto va más allá del Mar Rojo. Hay miles de millones de dólares iraníes repartidos por el mundo bajo sanciones estadounidenses. Cada decisión sobre ese dinero tiene consecuencias geopolíticas, jurídicas y morales. Las víctimas del terrorismo llevan décadas esperando. Las navieras saudíes acaban de sumarse a la fila. Trump abrió la caja. Ahora toca ver quién la administra y con qué reglas.



