Donald Trump indemnizó a la escritora y columnista Elizabeth Jean Carroll con 5,6 millones de dólares. Así lo confirmó el juez Lewis Kaplan en un comunicado oficial. El pago corresponde a daños y perjuicios más intereses, según recoge Bloomberg.
El caso arranca en 2019. Carroll reveló entonces que Trump la agredió sexualmente en el probador de los grandes almacenes Bergdorf Goodman, en Nueva York, a mediados de los años 90. Un jurado de nueve personas, por unanimidad, consideró los hechos probados en mayo de 2023. La primera condena fijó cinco millones de dólares por abuso sexual y difamación.
Carroll abrió un segundo frente judicial. Trump siguió hablando públicamente de ella. Un nuevo jurado lo condenó en enero de 2024 a pagar más de 83 millones de dólares adicionales por difamación. El Tribunal de Apelaciones para el Segundo Circuito calificó esa cifra de «justa y razonable».
Los fondos del primer veredicto quedaron retenidos en el sistema judicial estadounidense. Los abogados de Carroll pidieron al juez Kaplan que los liberara. El detonante fue el rechazo del Tribunal Supremo a la petición de Trump para impugnar el veredicto. Sin esa última palanca, el dinero se transfirió finalmente a Carroll.
La condena por los 83 millones sigue en proceso de apelación. Por el momento, no ha tenido respuesta.
Que no te lo cuenten. Los hechos son los hechos: un jurado unánime, dos veredictos, dos condenas, y un expresidente que agotó cada recurso disponible antes de pagar. El sistema funcionó. Eso no está en disputa.
Lo que sí merece lectura editorial es el tiempo. Años de litigio, apelación tras apelación, fondos retenidos. La justicia llegó, pero llegó lenta. Para Carroll, el relato terminó con un depósito bancario. Para Trump, con una derrota judicial que ningún cargo político puede borrar del registro.



