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Trump presume que sus simpatizantes le aplauden todo mientras vuelve a vender «sentido común» y más poder

En un mitin en Tennessee, Trump dijo que podría decir «las cosas más estúpidas» y aun así recibir aplausos, mientras reivindicó sus posturas sobre frontera, impuestos bajos y ejército fuerte. También bromeó con poner su nombre a un océano.
Imagen generada con IA
lunes 12 de octubre de 2026

Donald Trump volvió a hablarle a su base con el tono que lo ha acompañado por años: mezcla de burla, desafío y autocelebración.

En un mitin en Clarksville, Tennessee, el presidente estadounidense afirmó ante sus simpatizantes que «podría decir las cosas más estúpidas y ustedes aplaudirían». La frase provocó risas y carcajadas entre los asistentes.

Trump dijo además que estaba allí para agradecer a «la gente maravillosa que te ha elegido en tres ocasiones distintas». Según sus palabras, un amigo con pánico escénico le preguntó cómo hace para hablar diariamente ante multitudes, y él respondió: «Para mí es fácil porque hay mucho cariño en estos lugares».

Después, intentó corregir el golpe de la propia frase y aseguró: «No decimos cosas estúpidas, decimos cosas de sentido común». Ahí enumeró su propio catecismo político: «Queremos tener una frontera, queremos impuestos bajos, queremos un ejército formidable».

El mandatario también jugó con la idea de rebautizar el océano Atlántico o el Pacífico con su nombre, o llamarlo «el océano de las Américas». Dijo: «Lo llamaremos océano Trump u océano de las Américas».

No fue el único momento en que se mostró cómodo en el papel de hombre todopoderoso. La nota recuerda que en febrero, luego de que la Corte Suprema declarara ilegales sus aranceles globales, Trump dijo: «Puedo destruir el comercio, puedo destruir un país». Un mes más tarde, se jactó de que podía hacer «lo que quiera» con Cuba y describió a la isla como «una nación muy debilitada» y «un país fallido».

Lo de Tennessee no fue un desliz aislado, sino la expresión más cruda de una política basada en lealtad personal, espectáculo y culto al líder. Cuando un presidente presume que puede decir cualquier cosa y recibir aplausos, no habla solo de su ego: habla de una base que prefiere la identidad al juicio.

Y cuando el aparato político se acostumbra a aplaudir por reflejo, el país paga el precio. Porque la frontera, los impuestos bajos y la seguridad no se defienden con teatro, sino con resultados. Que no te lo cuenten.

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