Donald Trump anunció el domingo que planea retirar el arancel del 10% al whisky irlandés. Lo dijo durante la ceremonia de trofeos del Irish Open, en Doonbeg, Irlanda, al cierre del torneo.
«Everybody’s been bugging me» para hacerlo, dijo Trump. Y añadió: «On behalf of the United States of America, I am going to take the tariffs off» Irish whiskey.
Trump ya había reducido ese gravamen desde el 15% al 10% en julio. También había anunciado en mayo que levantaba ciertos aranceles sobre el whisky del Reino Unido, que incluye el Scotch y las bebidas espirituosas elaboradas en Irlanda del Norte.
La reacción en el estadio fue ruidosa: hubo silbidos y aplausos cuando el presidente dejó caer el anuncio ante el público. Por ahora, no se conocieron detalles sobre qué tan pronto se retirará el arancel.
En mayo, la Irish Whiskey Association pidió eliminar esos gravámenes y sostuvo que la medida ayudaría a muchas empresas estadounidenses con productos irlandeses en sus portafolios y evitaría incertidumbre para los consumidores.
Separadamente, Trump también dijo a reporteros en Irlanda que Estados Unidos «should be paying the lowest interest rate in the world». Señaló que no sabía si los funcionarios de la Reserva Federal subirán las tasas en su reunión de esta semana.
El dato importa porque la burocracia monetaria no opera en el vacío: cada punto de tasa toca el costo del crédito, la inversión y el bolsillo del contribuyente. Si Trump empuja por dinero más barato mientras persiste la inflación, la presión sobre la Reserva Federal no es técnica solamente; es política y se mide en empleo, precio del crédito y confianza.
Otra vez la doble vara: cuando el aparato estatal decide quién paga más y quién menos, siempre hay sectores que quedan atrapados en la cuenta. Que no te lo cuenten. Aquí el fondo es simple: menos aranceles pueden aliviar a productores y consumidores, pero las decisiones tomadas a golpe de micrófono siguen mostrando cuánto depende todo del humor de Washington.



