Hollywood lleva años perdiendo producciones. La combinación es letal: crimen en alza, permisos imposibles, sindicatos inflexibles y ciudades rivales que ofrecen incentivos fiscales más generosos. Nevada, Tennessee y Texas huelen la sangre. Nuevos estudios brotan fuera de Los Ángeles mientras la meca del cine se vacía.
Ahora llega Donald Trump con una propuesta concreta. Esta semana se reunió con Spencer Pratt. Discutieron un crédito fiscal federal del 25% para producciones basadas en Hollywood. El objetivo, según Pratt, es «repatriar la industria más quintaesencialmente americana». Sus palabras: «No dejaremos que Canadá, el Reino Unido o Budapest nos roben el almuerzo».
El número no es menor. Un 25% federal se sumaría a los incentivos estatales que ya ampliaron la alcaldesa Karen Bass y el gobernador Gavin Newsom. Sería un golpe real al éxodo de producciones. Incluso el senador Adam Schiff, según la fuente, está en registro público apoyando algo similar. La medida podría tener apoyo bipartidista.
La ironía es mayúscula. Esta es la misma industria que fantaséo en voz alta con la muerte del presidente. Madonna dijo en la Women's March que había pensado «muchísimo en volar la Casa Blanca». Johnny Depp, Kathy Griffin, Snoop Dogg: la lista es larga. La televisión nocturna lo destroza cada semana. Y aun así, Trump avanza con el plan de rescate.
En enero de 2025 ya había anunciado un grupo de trabajo con Jon Voight, Mel Gibson y Sylvester Stallone para revitalizar la industria. Gibson declaró que se enteró por las noticias. El arranque fue flojo. Pero la reunión con Pratt y la propuesta del crédito del 25% marcan un paso más tangible.
El taquillero de 2026 da contexto. Películas como «The Odyssey», «Spider-Man: Brand New Day» y «Project Hail Mary» están llenando salas. El negocio puede recuperarse. La pregunta es dónde se filma.
Esto es lo que el progresismo de Hollywood no puede procesar: su enemigo político número uno es quien tiene el instrumento para frenar su declive. La burocracia local, los permisos kafkianos y la presión sindical desmedida hicieron lo que ningún republicano habría logrado solo: expulsaron las cámaras de Los Ángeles. Trump no creó el problema. Llegó a resolverlo.
El libre mercado ya dio su veredicto: donde los costos bajan y las reglas son predecibles, la inversión llega. Si el crédito federal prospera, Hollywood no se lo agradecerá. Pero lo usará. Y eso, en el fondo, es suficiente.



