Donald Trump anunció el domingo que su propuesta de arco triunfal de 250 pies funcionaría a la vez como monumento y como un «top grade Military Complex».
Según dijo, el complejo serviría para «housing, storing, and having the rapid ability to use large numbers of drones, plus Snipers, on both the roof and plaza areas, and additionally have and hold large quantities of sniper ammunition in storage». También afirmó: «There will be no facility like this anywhere in the World».
El arco está planificado para Memorial Circle, en Columbia Island, entre el Lincoln Memorial y Arlington National Cemetery.
Trump enmarcó el proyecto dentro de razones de seguridad nacional. Dijo que, «at the strong request of the United States Military, and for National Security purposes», había aceptado convertir el monumento en un complejo militar y triunnfal. La iniciativa forma parte del esfuerzo de su administración por hacer que Washington, D.C., sea «safe and beautiful», según una orden ejecutiva de marzo de 2025 que decía: «As the capital city of the greatest Nation in the history of the world, it should showcase beautiful, clean, and safe public spaces».
Pero la controversia ya está servida. Críticos sostienen que Trump carece de la aprobación del Congreso necesaria para construir el arco. La fuente cita a Nicolas Sansone, de Public Citizen Litigation Group, quien dijo al New York Times que Trump estaba «trying to paper over a patently unlawful project by giving it a veneer of national security justification» y añadió: «It simply has no legal foundation whatsoever unless and until Congress passes a law saying he can build it».
Trump no ha negado que esté levantando un monumento para sí mismo. Según New York Magazine, dijo: «Nobody will do it once I’m gone. When I leave here, nobody will».
La administración ha reservado $15 million para la planificación inicial, pero no ha publicado un costo final. Reportes citados por la fuente sitúan el precio en aproximadamente $100 million.
En paralelo, la Casa Blanca ha impulsado otras obras y medidas en Washington: limpió Meridian Hill Park, restauró la fuente Columbus Circle en Union Station, renovó el Reflecting Pool, anunció una modernización de $22.5 billion del aeropuerto Dulles International, y desplegó a la National Guard para reforzar la seguridad en la capital. El Task Force Beautification de la National Guard de D.C. dice haber completado al menos 100 proyectos de «beautification» en la ciudad.
La cuestión de fondo es simple: si el proyecto es un monumento, debe sostenerse con la ley y con reglas claras; si es un complejo militar, la excusa de seguridad no borra la necesidad de autorización. Otra vez la doble vara: cuando el aparato estatal quiere construir, ampliar o gastar, siempre encuentra una narrativa noble para envolverlo. Pero el dinero de los contribuyentes y la propiedad pública no son un cheque en blanco. El relato se cae solo cuando se enfrenta con la pregunta básica: ¿quién autoriza y quién paga?



