El presidente Donald Trump se paseó en carrito de golf por su Trump National Golf Club Bedminster, en Nueva Jersey, durante el evento LIV Golf New York, y recibió una ovación cerrada de los espectadores presentes. Así lo reportó The New York Post.
Es la tercera vez que el tour celebra un evento en uno de los clubes del presidente. Y la segunda en que Trump aparece en persona.
El momento llega en un instante crítico para LIV Golf. En abril, el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita (PIF) —su único financiador— anunció que retiraba su respaldo al tour. Una señal de alarma que abrió preguntas serias sobre si la liga sobreviviría más allá de 2026.
Sin embargo, el CEO de LIV Golf, Scott O'Neil, anunció esta semana que la organización tiene un acuerdo firmado con un inversor principal cuyo nombre no ha sido revelado. «LIV Golf tiene un acuerdo en vigor con un inversor líder, firmado por el inversor y aprobado por la Junta, para anclar la transacción y desempeñar un papel clave en el camino hacia la próxima era de la Liga, impulsada por y para los jugadores», declaró O'Neil según la fuente.
La identidad del nuevo financiador sigue siendo desconocida.
Que no te lo cuenten: Trump apareció donde los aplausos estaban garantizados, sí. Pero la imagen del presidente recorriendo su propio club mientras LIV Golf busca oxígeno financiero dice más sobre el estado del tour que sobre el estado del presidente. La liga que irrumpió con miles de millones en petrodólares y prometía redefinir el golf profesional ahora depende de un inversor anónimo cuya identidad ni siquiera puede revelar.
El libre mercado tiene memoria: cuando el dinero estatal —en este caso, el de Riad— se va, la realidad llega sola. LIV Golf apostó a un modelo sostenido por un único actor gubernamental extranjero. Ahora tiene que demostrar que puede pararse sobre capital privado real. La presencia de Trump genera cobertura, pero no reemplaza un balance saneado. El relato del tour revolucionario se juega ahora en los números, no en los cartitos de golf.



