El gobierno federal de Estados Unidos redujo su plantilla en 300.000 empleos desde el 20 de enero de 2025, hasta quedar en 2,7 millones de trabajadores, según las cifras citadas. Es la reducción más visible de la segunda etapa de Trump en la Casa Blanca y golpea a varias de las instituciones más grandes del aparato federal.
Entre los mayores recortes están el Departamento de Guerra, con más de 61.000 salidas, y el Departamento de Estado, que perdió 37% de su personal. También quedaron casi vacías la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, que durante años fue usada para canalizar miles de millones hacia proyectos ideológicos de izquierda en el mundo, y la Oficina para la Protección Financiera del Consumidor, que perdió aproximadamente 88% de sus trabajadores.
El Departamento de Agricultura registró decenas de miles de bajas, y el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano también perdió personal. Trump firmó además una orden ejecutiva para desmantelar el Departamento de Educación, aunque esa agencia todavía conserva 40% de su plantilla.
La discusión no es menor. Los recortes llegan después de años en que el empleo federal creció bajo Biden en más de 130.000 puestos, y en un contexto donde las agencias, los empleados públicos y los sindicatos del sector son bases de poder político para la izquierda. La nota también señala que alrededor de 84% de las donaciones de campaña de trabajadores federales fue a Kamala Harris en 2024.
Aun así, el propio recorte no resuelve el problema de fondo: el gasto y la deuda siguen fuera de control. Pero sí manda una señal política clara. Un gobierno más delgado, menos intrusivo y menos dependiente de la burocracia de Washington es una corrección sana frente a una casta estatal que durante años se expandió sin pedir permiso.
No se trata de vender humo ni de decir que con esto se arregla todo. Pero sí de reconocer lo evidente: cuando el Estado deja de engordar, el contribuyente respira. Y cuando se recortan agencias que han servido para financiar activismo, clientelismo y poder burocrático, el país se acerca un poco más a la libertad económica y al gobierno limitado. Otra vez la doble vara: los mismos que gritan caos cuando se recorta aparato estatal suelen guardar silencio cuando ese aparato crece y se vuelve más costoso para todos.



