Donald Trump dijo el martes que respaldaba una prohibición a las exportaciones de diésel, una idea que varios candidatos republicanos han reclamado para frenar el alza de los precios del combustible.
«He dicho que no enviemos el diésel. Producimos mucho diésel (...) Lo he pedido. Se lo he pedido a mi equipo», dijo Trump a periodistas antes de una reunión con el presidente ucraniano, Volodímir Zelensky.
Los precios del gasóleo se han disparado a máximos históricos en Estados Unidos y Europa, según la información disponible, mientras los conflictos en Irán y Ucrania han reducido drásticamente las exportaciones de algunos de los mayores productores, como Rusia, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que el Gobierno estaba estudiando si la prohibición era viable y si funcionaría una total o parcial.
La presión política ya es visible. Varios candidatos republicanos en contiendas legislativas reñidas, como el senador Dan Sullivan en Alaska, la diputada Ashley Hinson en Iowa y Mike Rogers en Míchigan, pidieron a la Administración Trump que aplique la prohibición.
Sullivan dijo: «El combustible estadounidense debe quedarse en casa, con los estadounidenses». También pidió «una suspensión temporal de las exportaciones de gasóleo estadounidense» para reponer reservas antes del invierno y dar prioridad a las familias estadounidenses y de Alaska.
Pero la propia burocracia energética de Trump encendió las alarmas. El secretario de Energía, Chris Wright, dijo que una prohibición provocaría un exceso de oferta en la costa del golfo de México y llevaría a las refinerías estadounidenses a recortar sus tasas de producción, lo que reduciría rápidamente la producción de gasolina.
«Si empiezas a poner barreras a los flujos, muy pronto reducirás la producción y tendrás menos suministro. Necesitamos más suministro, no menos», dijo Wright.
Doug Burgum, secretario del Interior, señaló que es poco probable que la prohibición reduzca los precios del petróleo y que podría dar lugar a represalias de países exportadores de energía, de los que dependen estados como California para parte de su suministro.
La medida también tendría impacto fuera de Estados Unidos. La nota advierte que restringiría aún más el suministro en Europa, donde existe una escasez estructural de gasóleo y una fuerte dependencia de las exportaciones estadounidenses.
Otra vez la doble vara: cuando la presión sube, la respuesta inmediata suele ser más intervención y más restricciones. El problema es que el mercado no obedece consignas políticas; obedece incentivos, oferta y demanda.
Si la Casa Blanca empuja una prohibición, puede ganar un alivio temporal en el relato. Pero el costo potencial lo pagarían los consumidores, las refinerías y, en última instancia, el suministro. Que no te lo cuenten.



