Donald Trump insinuó este domingo que construirá una piscina en el lugar que hoy ocupa la sala de prensa de la Casa Blanca. Lo hizo en su red Truth Social, con una imagen dividida en dos: una fotografía de la sala actual, marcada como «antes», y una recreación de una piscina, marcada como «después».
Sobre la primera imagen, Trump escribió además «noticias falsas». En la recreación, la piscina aparece decorada con adornos dorados. La imagen la vincula con Franklin D. Roosevelt, porque la actual sala de prensa funciona desde 1970 y fue construida sobre la antigua piscina cubierta que Roosevelt mandó a instalar en 1933.
El gesto llega en medio de su nueva ofensiva contra los medios de comunicación. La semana pasada, Trump vetó el acceso a la Casa Blanca a CNN, MS Now y Politico, disconforme con la cobertura de su Administración. Luego, un juez ordenó el jueves que esos medios recuperaran su acceso, después de que denunciaran una vulneración de la libertad de expresión protegida por la Primera Enmienda.
Pero la tensión no terminó ahí. Según la información disponible, Trump excluyó el sábado a CNN de viajar en el Air Force One durante un vuelo a Tennessee, pese a que la cadena era la encargada, por turno rotatorio, de tomar y distribuir las imágenes del desplazamiento al resto de medios.
La discusión ya no es solo sobre una ocurrencia más del presidente. Es sobre el poder político decidiendo quién entra y quién no entra a la Casa Blanca. Y cuando el acceso se convierte en privilegio condicionado, la libertad de prensa deja de ser un principio y pasa a depender del humor del mando.
Otra vez la doble vara. Se invoca la democracia mientras se castiga a medios por su cobertura. Se habla de «privilegio» donde la prensa ve un derecho ligado a la Primera Enmienda. Que no te lo cuenten: cuando el aparato estatal aprieta a los periodistas, no gana la verdad. Gana la burocracia que quiere controlar el relato.



