CNN, Politico y MS NOW dijeron el lunes que demandarán a la administración de Trump después de que el presidente los expulsara de la Casa Blanca.
Los tres medios informaron que notificaron al gobierno que presentarán una demanda para proteger sus derechos de la Primera Enmienda y defender el principio de que el gobierno no decide qué reporta o publica la prensa. En su declaración conjunta, afirmaron que la Casa Blanca revocó las credenciales de sus periodistas «sin aviso ni proceso» porque «objetó nuestro reporteo».
Según los medios, sus reporteros fueron rechazados en los accesos a la Casa Blanca durante el fin de semana y sus credenciales fueron confiscadas. Akayla Gardner, de MS NOW, contó que al llegar al campus de la Casa Blanca descubrió que su credencial ya no funcionaba. Dijo que un oficial le pidió entregarla y le explicó que estaba desactivada.
Trump anunció el veto el viernes en Truth Social. Escribió: «Effective immediately, I am banning Fake News CNN, MSNOW... and Politico... from the White House as a result of their constant ‘reporting’ fake news!». Más tarde, en la Oficina Oval, dijo: «I think it's good to point it out whether it survives or doesn't. I don't think that a court should allow fake news to be written day after day after day».
El lunes, Trump volvió a defender la medida y dijo que no era «un ataque a la prensa libre», sino un golpe contra la «FAKE NEWS». También escribió que eso es «un threat to our National Security, and must be stopped, NOW!».
La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca pidió restaurar de inmediato el acceso de los tres medios. Su presidenta, Jacqui Heinrich, advirtió que el precedente podría aplicarse a cualquier medio en el futuro.
La jugada de Trump no es menor: cuando un gobierno decide quién entra y quién queda fuera, el problema ya no es solo un pleito con tres redacciones. Es una disputa sobre si el poder político puede premiar a los medios obedientes y castigar a los incómodos. Ese es el corazón del asunto.
Y ahí está la doble vara que la burocracia nunca admite. Si la prensa independiente no puede cubrir al gobierno sin temor a represalias, el daño no cae solo sobre CNN, Politico o MS NOW. Cae sobre el público, que pierde una de sus pocas defensas frente al aparato estatal.



