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Trump vs. Thune: la interna republicana que puede costarle el Senado al partido

Las diferencias entre la Casa Blanca y el líder de la mayoría senatorial sobre el filibusterismo y la estrategia legislativa encenden alarmas a meses de las elecciones intermedias del 3 de noviembre.
Imagen ilustrativa
lunes 3 de agosto de 2026

El Partido Republicano tiene un problema que no puede esconder. La tensión entre el presidente Donald Trump y el líder de la mayoría del Senado, John Thune, escala en público justo cuando el partido necesita unidad para defender sus mayorías en el Congreso.

El punto de quiebre más visible es el filibusterismo. «Es un hecho: no vamos a eliminar el filibusterismo», declaró Thune a CNN. Trump, en cambio, presiona para usar el procedimiento de reconciliación presupuestaria y aprobar partes de su agenda por mayoría simple. Varios senadores consideran que esa vía implica riesgos políticos y que reunir los votos necesarios sería difícil.

La fricción no se detiene ahí. Trump también criticó la falta de avances de la denominada «SAVE America Act» e intervino en primarias estatales para respaldar a Ken Paxton, rival del senador John Cornyn. Esa movida agitó a la bancada: los dirigentes temen un impacto en estados donde el partido deberá defender bancas.

Las voces de alarma vienen de adentro. «Las peleas internas no son realmente productivas. Si los líderes no logran ponerse de acuerdo, si no tienen cuidado, van a empeorar las cosas», advirtió el senador Jim Justice, de Virginia Occidental, a CNN. El senador James Lankford, de Oklahoma, lo puso en términos institucionales: «Trump quiere poder moverse rápido como puede moverse un ejecutivo. Pero nosotros somos una rama legislativa; no nos movemos tan rápido».

El 3 de noviembre se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 33 bancas del Senado y 36 gobernaciones. El resultado definirá el equilibrio político en Washington. Aliados de Thune, según la fuente, ya calculan que el líder podría ser responsabilizado si el partido pierde el control de la cámara alta. La ausencia de figuras que antes facilitaban el diálogo entre ambos sectores amplía la distancia.

Hay además una ironía que ningún republicano debería ignorar: si el partido pierde el Senado, el filibusterismo que Trump quiere eliminar se convertiría en el principal escudo para bloquear la agenda demócrata. Pedir su abolición hoy sería regalarle mañana una autopista a la oposición.

En Contrafuego lo leemos así: la tensión no es solo de egos ni de estilos, es una disputa real sobre cómo se ejerce el poder. Trump tiene razón en exigir velocidad y resultados; Thune tiene razón en que una mayoría legislativa frágil no sobrevive si se queman los procedimientos que la protegen. El problema es que ninguno de los dos puede ganar esta discusión en público sin debilitar al partido entero. La oposición demócrata, sin propuesta ni liderazgo visible, no necesita hacer nada: solo esperar que el ruido interno haga el trabajo por ellos.

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