Entrar a comprar leche y salir con el rostro registrado en una base de datos. Eso es lo que enfrentan ahora los clientes de algunas tiendas Grocery Outlet en el Área de la Bahía de California.
La cadena con sede en Emeryville comenzó a implementar SAFR, un software de reconocimiento facial diseñado para identificar a personas sospechosas de robo. La medida aplica, entre otras, a su sucursal «Bargain Market» en Pleasant Hill. Avisos en las puertas de entrada notifican a los clientes que la tecnología está activa.
El contexto importa: según datos recientes del FBI, el robo en tiendas de California aumentó un 50% desde la pandemia de COVID-19. Grocery Outlet no inventó un problema; respondió a uno que ya existe.
Las reacciones entre los compradores son divididas. June Guerrero, que administró una tienda durante varios años, dijo entender la necesidad: «Trabajé años como gerente y el robo era increíble. Estoy de acuerdo con esto», declaró a CBS News. Barbara Jackson, en cambio, fue directa: «Entiendo la situación, pero invadir mi privacidad con mi foto no lo acepto. Tiene que haber una mejor manera». Otro comprador, identificado como Burdette, advirtió que la tecnología «podría generar muchos problemas para empresas y personas».
El Dr. Ahmed Banafa, profesor de ingeniería en San Jose State, señaló que sin salvaguardas adecuadas la cadena podría enfrentar demandas. «El humano tiene que estar en el proceso. No es solo el sistema el que dice que hay coincidencia. El humano toma la decisión final», explicó a CBS News. Banafa también advirtió que «la inteligencia artificial es conocida por ir tras ciertas razas».
Charisse Jacques, presidenta de SAFR, aclaró que el sistema solo retiene información sobre sospechosos de robo por tiempo limitado, que no construye una base de datos general de clientes y que no está conectado a fuerzas del orden. Según la empresa, tampoco comparte información con agencias gubernamentales, incluyendo el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Aquí está el nudo real: la tecnología no distingue entre el ladrón reincidente y el cliente que lleva décadas comprando en el mismo local. Ambos entran por la misma puerta y ambos son escaneados. Es la burocracia del riesgo colectivo aplicada al supermercado: ante la incapacidad de resolver el problema en su origen, se extiende la vigilancia a todos. La libre empresa tiene derecho a proteger su patrimonio, y Grocery Outlet lo ejerce. Pero el cliente honesto tiene razón cuando pregunta si su rostro es moneda de cambio justa. Esa tensión —seguridad vs. privacidad individual— no la resuelve ningún algoritmo. La resuelven las instituciones. Y en California, esas instituciones llevan tiempo debiendo respuestas.



