Un hombre armado asaltó el supermercado Tashkent, un negocio halal uzbeko en West Village, Manhattan, alrededor de las 2:24 p.m. del jueves, según la policía de Nueva York.
De acuerdo con la NYPD, el sospechoso entró al local en 378 Sixth Ave., sacó un arma y exigió dinero a la cajera. Salió con 2.000 dólares y huyó hacia la estación de subway de West 4th Street antes de seguir rumbo a Midtown, hacia 42nd Street.
La policía difundió imágenes de vigilancia el viernes. En ellas, el sospechoso aparece con sudadera negra, pantalones negros, tenis negros y una mochila marrón. La investigación sigue abierta y las autoridades no ofrecieron información adicional.
Tashkent Supermarket no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.
El dato incómodo es el lugar: un barrio próspero de Manhattan donde, aun así, un delincuente pudo entrar armado, sacar dinero y desaparecer en el sistema de transporte público. Otra vez la doble vara: la burocracia habla de control, pero el comerciante termina solo frente al riesgo real.
Que no te lo cuenten. Cuando el orden básico falla, no importa si el negocio está en una zona rica o pobre: la cuenta la paga siempre el ciudadano honesto, el empleado y el pequeño comerciante. La libertad de abrir, trabajar y atender sin miedo depende de que el Estado haga su trabajo mínimo: impedir que el crimen mande en la calle.



