No es ciencia ficción ni catástrofe: es la física haciendo su trabajo.
La etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX —dado de baja tras cumplir su misión— está a punto de estrellarse contra la Luna a aproximadamente 5.400 millas por hora (unos 8.700 km/h). El impacto está calculado para las 2:35 a.m. del miércoles, hora del Este.
El artefacto lleva 19 meses derivando en lo que los ingenieros llaman una órbita elíptica alta que cruza la trayectoria lunar. El plan original era diferente: tras completar su función, la etapa superior debía entrar en una órbita muy elíptica alrededor de la Tierra, reentrar a la atmósfera y desintegrarse antes de caer en una zona remota del océano. Pero la atracción gravitacional combinada de la Tierra, la Luna y el Sol fue alterando progresivamente la trayectoria hasta hacer imposible ese desenlace controlado.
El cohete había sido utilizado para lanzar módulos lunares comerciales al espacio antes de ser retirado del servicio.
No hay víctimas, no hay infraestructura en riesgo, no hay catástrofe ambiental que lamentar. Hay, eso sí, un recordatorio de que el espacio sigue siendo un entorno impredecible incluso para los mejores ingenieros del planeta.
Lo que esto dice del modelo privado
Que no te lo cuenten de otra manera: SpaceX es hoy la empresa que más cohetes lanza, más carga pone en órbita y más barato lo hace que cualquier agencia estatal en décadas de historia aeroespacial. Este incidente —un cohete fuera de servicio cuya trayectoria fue alterada por fuerzas gravitacionales, no por negligencia operativa— no cambia ese balance.
La burocracia espacial de los años setenta tardaba décadas y billones de dólares públicos en llegar a la Luna. La empresa privada lo hace en ciclos de meses, con capital de riesgo y sin garantías del contribuyente. Cuando algo sale mal, sale a la luz. Cuando algo sale bien —y sale bien con una frecuencia que ningún programa estatal igualó— el relato progresista lo ignora o lo atribuye a regulación gubernamental.
El cohete impactará la Luna. El libre mercado, mientras tanto, sigue construyendo el futuro.

