La Embajada de Estados Unidos en Caracas publicó el 9 de julio una actualización sobre la asistencia humanitaria desplegada en La Guaira tras los terremotos del pasado 24 de junio. La respuesta sigue activa, semanas después del sismo, y sigue siendo protagonizada por actores externos.
El punto más concreto de la jornada: el subsecretario del Departamento de Agricultura para Asuntos Agrícolas Exteriores, Luke Lindberg, visitó el hospital de campaña instalado por la organización Samaritan's Purse y donó sangre de manera voluntaria. Según informó la propia Embajada, esa sangre «irá directamente a tratar a los pacientes más necesitados en Venezuela».
No es un gesto menor. Es un alto funcionario del gobierno de Estados Unidos que se sienta en una camilla en un país bajo régimen autoritario y extiende el brazo. Que no te lo cuenten de otra manera.
El hospital de campaña de Samaritan's Purse, según la representación diplomática, ha brindado atención de emergencia y suministros a más de 1.600 familias venezolanas afectadas por la tragedia. Mil seiscientas familias atendidas por una ONG evangélica estadounidense porque el aparato estatal venezolano no da abasto —o simplemente no aparece.
Además, el alto funcionario de Asistencia Extranjera del Departamento de Estado, Ryan Shrum, supervisó el avance de la respuesta humanitaria sobre el terreno. La Embajada lo describió como una operación que avanza «con rapidez y a una escala sin precedentes», coordinada con aliados y organizaciones humanitarias para garantizar que el alivio llegue a las zonas afectadas.
«Más allá de la logística masiva, nuestra asistencia en La Guaira está impulsada por un profundo sentido de solidaridad hacia el pueblo venezolano», señaló la sede diplomática.
Aquí está el contraste que el relato oficial de Caracas no puede sostener: mientras la burocracia chavista acumula décadas de discurso antiimperialista, son los «imperialistas» quienes montan hospitales de campaña, donan sangre y coordinan ayuda de emergencia para los venezolanos. El régimen que prometió la soberanía plena del pueblo necesita que una ONG financiada desde el norte global atienda a sus ciudadanos tras un terremoto.
Eso no es solidaridad del Estado venezolano. Es su ausencia documentada, con fecha y nombre propio.



