Aaron Rodgers llegó a la noche con la posibilidad de empatar la marca de Tom Brady de 14 victorias en jueves por la noche. Salió con otra derrota. Los Browns vencieron 27-24 a los Steelers y sumaron su tercera victoria consecutiva.
El cierre fue directo. Pittsburgh igualó el juego 24-24 con una serie de ocho jugadas y 80 yardas en el cuarto cuarto. Cleveland respondió con una ofensiva de siete jugadas. Deshaun Watson llevó al equipo a rango de gol de campo y Andre Szmyt clavó un envío de 56 yardas para poner el 27-24 definitivo.
Rodgers terminó con 299 yardas por pase, tres touchdowns y dos intercepciones. También quedó en 13-8 en partidos de jueves por la noche. Pittsburgh cayó a 0-10 como visitante ante rivales de la AFC Norte.
Watson fue eficiente. Lanzó para 268 yardas y un touchdown. El partido además marcó el encuentro número 150 de todos los tiempos entre ambos rivales, separados por solo 135 millas.
La escena importa por una razón simple: Cleveland resolvió el partido con ejecución en el momento clave. No hubo drama artificial ni relato inflado. Hubo una ofensiva que avanzó, un pateador que respondió y un rival que otra vez se quedó corto cuando el reloj apretó.
Otra vez la doble vara. Cuando el aparato mediático vende despedidas épicas, el marcador suele recordar algo más básico. Gana quien produce puntos al final. Y en una liga cada vez más atada al dinero y al espectáculo, el mérito sigue siendo el mismo: ejecutar bajo presión y cobrar el premio en el campo.


