La Asociación de Estudiantes Musulmanes de Vanderbilt (MSA) reaccionó con dureza a la proyección de «Run Hide Fight: Infidels», una película de Turning Point USA presentada por Daily Wire.
El grupo publicó en Instagram que llama a sus compañeros a «desafiar cualquier retórica que perpetúe la culpa colectiva y la intolerancia religiosa». Añadió que tiene «poca fe» en que la administración de Vanderbilt responda de forma apropiada.
El comunicado, titulado «On Islamophobia and Anti-Muslim Rhetoric», fue firmado además por 24 organizaciones estudiantiles registradas.
La película sigue a un exoperador de Delta Force, interpretado por Jonathan Majors, que combate a terroristas islámicos radicales después de que secuestren una protesta pro-Palestina en una universidad liberal e intenten imponer la sharia.
La MSA acusó al filme de «confundir la identidad musulmana, la liberación palestina y la violencia política». También sostuvo que impulsa a ver los llamados a una «Palestina libre» como algo «peligroso y extremo».
El grupo afirmó que los medios que presentan el islam como extremismo y violencia no existen en el vacío. Según su declaración, esos estereotipos han alimentado racismo, xenofobia y odio contra los musulmanes, especialmente en los 25 años posteriores al 11 de septiembre.
La universidad ya había vivido una protesta antiisraelí disruptiva en marzo de 2024. Entonces, 27 estudiantes irrumpieron en Kirkland Hall y ocuparon el edificio administrativo por más de 21 horas. Tres fueron arrestados por presuntamente empujar a un oficial de servicio comunitario del campus al entrar al edificio, y dos luego se declararon culpables de agresión menor.
Un reportero de Nashville Scene también fue arrestado por allanamiento cuando intentó entrar al edificio. Más tarde quedó libre sin cargos, después de que el fiscal de distrito declinara procesar.
En ese momento, la MSA defendió a los manifestantes y pidió a la universidad que «revocara de inmediato las suspensiones y desestimara todos y cada uno de los cargos penales».
Ben Shapiro también reaccionó. Escribió en X que no esperaba menos de la MSA, a la que vinculó con figuras de la Hermandad Musulmana. Además afirmó que, cuando era estudiante en UCLA, la MSA «hacía fanatismo» por Hezbollah y recaudaba fondos para la Holy Land Foundation, a la que llamó un frente de Hamas.
El relato se cae solo. Mientras unos exigen silencio para no ofender, la realidad en Vanderbilt muestra otra cosa: presión ideológica, activismo organizado y una institución atrapada entre la burocracia universitaria y el miedo a aplicar reglas claras. Cuando cualquier crítica a un contenido se presenta como censura, la libertad de expresión queda rehén de la doble vara.
Y hay otra lección incómoda para la casta académica: si una película provoca este nivel de furia, tal vez tocó una verdad que muchos preferirían esconder. Que no te lo cuenten.



