Un juez del Tribunal Superior del Condado de Orange acaba de rediseñar las elecciones de Huntington Beach. Sin referéndum. Sin consulta popular. Solo una orden judicial.
El juez Craig Griffin resolvió que el sistema «at-large» de la ciudad viola la Ley de Derechos de Voto de California (CVRA). Bajo ese sistema, todos los votantes de la ciudad elegían a cada miembro del Concejo Municipal. Griffin lo declaró ilegal por considerar que dificulta el triunfo de minorías. Y ordenó adoptar el voto preferencial antes de noviembre.
El voto preferencial nunca fue aprobado por los ciudadanos de Huntington Beach. Ese es el problema central. No el único.
El propio Griffin reconoció que, tras el fallo reciente de la Corte Suprema federal en Louisiana v. Callais contra la gerrymandering racial, el caso «habría fracasado miserablemente». Aun así, mantuvo su decisión apoyándose en la autoridad constitucional estatal independiente de California.
La demanda fue presentada en nombre del residente Victor Valladares. Pero quien la argumentó fue Kevin Shenkman, un abogado de Malibu especializado durante más de una década en exactamente este tipo de litigio contra ciudades californianas. La CVRA permite que el demandante ganador recupere honorarios de la ciudad demandada. Eso convierte este tipo de juicios en un negocio. La mayoría de ciudades prefiere negociar antes que arriesgarse a perder. Huntington Beach peleó. Y fue superada por un especialista.
Hay más complicaciones prácticas. El registrador del Condado de Orange advirtió que su sistema actual no puede operar una elección de voto preferencial. Haría falta maquinaria nueva. Además, el nuevo esquema exigiría elegir los siete escaños del Concejo al mismo tiempo, lo que recortaría el mandato de tres o cuatro concejales en ejercicio.
El rechazo ciudadano al voto preferencial es documentado. En 2024, los votantes de Arizona, Colorado, Idaho, Missouri, Montana, Nevada y Oregón rechazaron en las urnas medidas para adoptarlo. Alaska lo conservó por apenas un 1%. Hasta el Instituto para un Gobierno Responsable, de perfil no partidista, reconoció que el voto preferencial «no es una solución universal».
Que no te lo cuenten: esto no es un avance democrático. Es el aparato judicial reemplazando la voluntad del electorado con una sentencia.
Las reglas electorales obtienen su legitimidad del consentimiento de los gobernados. Cuando ese consentimiento lo sustituye una orden de un tribunal, algo esencial a la autogestión cívica se pierde. Si el voto preferencial es realmente superior, que sus defensores lo ganen en las urnas. No en un juzgado, con un litigante especializado y una ciudad sin recursos para competir. Huntington Beach no es un caso aislado. Es el modelo que se replica ciudad por ciudad, condado por condado, siempre que la burocracia judicial decide que los ciudadanos no son de fiar para elegir cómo votan.



