El debate no ha terminado. Y a algunos les molesta mucho que no haya terminado.
El miércoles, tras una tensa audiencia en el Senado, el Dr. Scott Ratzan —editor en jefe del Journal of Health Communication y formado en Harvard— apareció en el programa NewsNight de CNN para defender al Dr. Anthony Fauci y, de paso, pedirle al público estadounidense que deje de hacerse la pregunta más básica de los últimos cinco años: ¿de dónde vino el COVID-19?
«Creo que la realidad es que no deberíamos preocuparnos por la teoría del laboratorio hoy», declaró Ratzan, según la fuente. Su argumento: mejor construir «una América más saludable» que señalar con el dedo sobre el origen del virus.
El presentador conservador Jason Rantz le respondió de inmediato: «¿Ahora estás diciendo que no deberíamos hablar de dónde vino el COVID?»
Ratzan no respondió a la acusación central —que Fauci trabajó activamente para suprimir la hipótesis del escape de laboratorio en Wuhan— y optó por esquivar el asunto por completo. En cambio, calificó las investigaciones del Congreso sobre la gestión de la pandemia como «un ataque a la ciencia y a los científicos», destacando los «38 años de servicio» de Fauci al país.
En el mismo segmento, la presentadora de CNN Abby Phillip apuntó contra Donald Trump, recordando que fue su administración la que aplicó los cierres, los mandatos de mascarillas y el distanciamiento social. Al mismo tiempo, reconoció que Trump merece «una enorme cantidad de crédito» por la Operación Warp Speed. Phillip sostuvo que Trump «no puede salir limpio» de las consecuencias de esa era.
---
Lo que revela este episodio no es solo una discusión televisiva: es la burocracia mediática y científica cerrando filas. Cuando un doctor de perfil alto sale en cadena nacional a decir que la ciudadanía no debería querer saber el origen de una pandemia que mató a millones y destruyó economías enteras, el problema no es la pregunta. El problema es la respuesta que temen dar.
Llamar «asalto a la ciencia» a una audiencia del Congreso es la doble vara de siempre: la rendición de cuentas es legítima cuando conviene al relato, y es «politización» cuando amenaza con desarmarlo. Que no te lo cuenten.



