Una viga de acero de 21 pies, rescatada de la Torre Sur del World Trade Center, llegó el miércoles por la noche a Fenway Park en Boston. La pieza pesa 16.900 libras y forma parte de la gira Steel Across America, organizada por la fundación Tunnel to Towers, que recorre Estados Unidos desde mayo previo al 25 aniversario del 11 de septiembre.
«Trae muchos recuerdos, y, honestamente, leer eso y hablar con los bomberos allí puede darme escalofríos. Me da escalofríos», dijo David Littlefield, vendedor en el estadio, sobre la exhibición.
Otra asistente al partido, empleada de American Airlines durante 30 años, contó que trabajó en los vuelos 11 y 77 «muchas veces» y que el momento «pega fuerte». Según el reporte, la esposa de Littlefield perdió a una compañera de cuarto en los ataques.
Desde Fenway, la viga se trasladó el jueves al Massachusetts Fallen Heroes Memorial. El viernes tendrá una parada en un evento privado en Washington D.C., y el 11 de septiembre estará en otro evento privado en Brooklyn, Nueva York. Su última aparición programada es el 13 de septiembre, durante el partido de la NFL entre los Giants y los Cowboys en el MetLife Stadium.
Antes de Fenway, la reliquia visitó la Academia Militar de West Point el lunes. Allí, el teniente general James B. Bartholomees III, superintendente de la academia, dijo que la pieza «nos recuerda el coraje de los socorristas como Stephen Siller y los innumerables estadounidenses que respondieron al llamado en los años siguientes, incluidas generaciones de graduados de West Point». Añadió que hoy jóvenes «continúan ese legado de servicio, guiados por el deber, el honor y la patria».
Este tributo itinerante no nace de un decreto ni de una partida presupuestaria estatal: lo sostiene una fundación privada, con el trabajo de bomberos, veteranos y voluntarios que deciden, año tras año, que ese acero retorcido siga contando lo que pasó. Nadie los obligó a organizarlo ni a pagarlo con dinero de los contribuyentes.
Mientras el aparato político discute agendas y el calendario de titulares avanza a otra cosa, son los aficionados en las gradas, los cadetes en West Point y las familias que perdieron a los suyos quienes mantienen viva la memoria del 11-S. Que no te lo cuenten: la memoria auténtica rara vez sale de una oficina de gobierno. Sale de la gente que decide que ciertas cosas no se olvidan.



