Que no te lo cuenten.
Dwayne Cortez Milton fue arrestado la noche del 4 de julio tras ser visto saltando una barda e ingresando al patio trasero de la residencia del gobernador demócrata de Illinois, JB Pritzker, en Chicago. Milton enfrenta un cargo de allanamiento, pero fue liberado en espera de juicio, según reportó ABC 7 Chicago.
Los documentos judiciales revelan que Milton se declaró culpable el 7 de julio en un caso separado de robo y permanece detenido por ese cargo. Al momento del allanamiento, el sospechoso estaba supuestamente bajo monitoreo electrónico y contaba con un extenso historial criminal, de acuerdo con CWB Chicago, que citó registros judiciales.
El candidato republicano a gobernador de Illinois, Darren Bailey, no tardó en reaccionar: «Un exconvicto con diez condenas se escapa de su monitor electrónico. El tribunal no es notificado por días. Lo encuentran en el patio trasero del propio JB Pritzker. ¿Cuántas advertencias más necesita Illinois antes de admitir que la Ley SAFE-T está fallando?», escribió en X.
Brian Costin, director estatal de Americans for Prosperity en Illinois, añadió: «Lamento lo ocurrido, Gobernador. Nadie merece que violen su hogar así. Espero que ahora tome más en serio la reforma de la Ley SAFE-T».
Pritzker firmó la SAFE-T Act en 2021, convirtiendo a Illinois en el primer estado en abolir la fianza en efectivo a nivel estatal. La ley también incluyó oposición a mínimos obligatorios, expansión de oportunidades de libertad condicional y reformas a las sentencias. Los opositores sostienen que la norma dificulta mantener detenidos a reincidentes antes del juicio; sus defensores argumentan que evita que la riqueza determine quién permanece encarcelado.
El relato se cayó solo.
Durante años, Pritzker vendió la SAFE-T Act como un triunfo de la «justicia» frente a un sistema supuestamente clasista. El argumento era elegante en los foros progresistas, pero ignora una verdad incómoda: liberar a reincidentes no redistribuye la justicia, redistribuye el riesgo, y ese riesgo lo pagan primero los vecinos que no tienen escoltas ni bardas de seguridad.
Lo ocurrido en la mansión del gobernador es, en el mejor de los casos, una ironía brutal; en el peor, una metáfora perfecta de cómo la burocracia progresista diseña políticas que nunca le tocarán de cerca a quienes las firman. El ciudadano común de Chicago no tiene el lujo de que su agresor sea noticia. Pritzker sí. Y aun así, según los reportes, la respuesta del aparato estatal fue liberar al sospechoso de allanamiento pendiente de juicio. Otra vez la doble vara: reglas para todos, consecuencias para nadie.



