A un mes de las legislativas, Hugh Hewitt pone sobre la mesa lo que importa de verdad: poder, dinero y seguridad. Su tesis es clara. Si llega una «blue wave», la seguridad nacional de Estados Unidos quedaría «greatly compromised» y casi no habría nuevos jueces federales ni nominaciones al gabinete.
Hewitt también sostiene que el gasto en defensa que el país «definitely and urgently needs» no sería aprobado. Y añade que, si Schumer se convierte en líder de la mayoría en el Senado, bloquearía las confirmaciones de casi todos los nominados de Trump.
El propio Hewitt intenta bajar las expectativas de una victoria demócrata total. Dice que incluso en el escenario más favorable para la izquierda, los demócratas no tendrían mayorías a prueba de veto en ambas cámaras. Tampoco podrían convertir todo el país en California o Nueva York sin controlar las tres ramas del poder. Incluso entonces, afirma, las demandas de los socialistas democráticos, como abolir el Senado y empacar la Corte Suprema, requerirían supermayorías y probablemente enmiendas constitucionales.
Pero el daño, advierte, igual sería real. Para Hewitt, la Constitución frena los impulsos revolucionarios de corto plazo. Eso no significa que no haya costos. Señala que un Congreso en manos demócratas podría repetir cierres de gobierno y afectar partidas cruciales, sobre todo en defensa.
También dice que un Senado controlado por los demócratas sería casi una garantía de que ningún nominado para tribunales federales de apelación ni para la Corte Suprema pasaría. Según Hewitt, Schumer podría responder citando el precedente de McConnell y su fórmula de «no hearings, no votes» tras la muerte de Scalia.
Aquí está el punto de fondo. No se trata de una pelea abstracta por eslóganes electorales. Se trata del dinero de los contribuyentes, de la cadena de mandos del Estado y de la capacidad del aparato federal para cumplir su función básica: defender al país y llenar vacantes clave sin convertir cada nominación en otro pantano partidista.
Otra vez la doble vara. La izquierda habla de «transformación» y vende poder como si fuera progreso automático. Pero cuando la aritmética política cambia, lo que queda expuesto es el costo para la seguridad, la estabilidad institucional y la libre empresa que depende de reglas previsibles. Que no te lo cuenten. El relato se cayó solo.


