El Silver Spring Jewish Center y el rabino J. Menashe Shapiro presentaron una demanda contra el condado de Montgomery, Maryland. La representación legal corre a cargo de la New Civil Liberties Alliance (NCLA). El motivo: una ordenanza aprobada el 27 de julio que prohíbe portar o transportar armas de fuego en un radio de 100 metros de «lugares de reunión pública». Las sinagogas quedan incluidas en esa categoría.
La ley tiene excepciones. Policías y guardias de seguridad con licencia pueden armarse. También se permite tener un arma en el domicilio privado o en el negocio propio. Todos los demás, incluidos los feligreses con permiso de portación, quedan fuera.
La demanda no se anda con rodeos. Cita la firebombing en Boulder. Cita el ataque incendiario contra la residencia del gobernador Josh Shapiro en Pensilvania. Cita el tiroteo en el Capital Jewish Museum. Y concluye: «Montgomery County prefiere declarar temporada abierta» sobre los judíos que rezan en sus sinagogas.
La NCLA suma un argumento legal de peso. El Tribunal Supremo falló recientemente en Wolford v. Lopez que Hawaii no podía exigir permiso explícito del propietario para que un ciudadano armado entrara a un negocio público. Ese precedente, según la organización, ya cierra la puerta a este tipo de restricciones municipales.
El rabino Shapiro fue claro con Fox News Digital: la ley no llega en cualquier momento. Llega en el peor. El antisemitismo violento crece. Las comunidades judías buscan protegerse. Y el condado les recorta las opciones legales justo cuando más las necesitan.
Que no te lo cuenten. Esto es lo que ocurre cuando el aparato estatal local prioriza el simbolismo regulatorio sobre la seguridad real de sus ciudadanos. El contribuyente de Montgomery County financia una burocracia que, en lugar de perseguir a quienes atacan sinagogas, persigue a quienes quieren defenderse dentro de ellas. La ley no desarma a los agresores. Desarma a las víctimas.
La Segunda Enmienda no es un privilegio que el gobierno concede. Es un derecho que el gobierno debe respetar. Especialmente cuando la amenaza es documentada, creciente y letal. El relato de que más restricciones equivalen a más seguridad se cayó solo. Otra vez.



