Un nuevo estudio de Public Interest Legal Foundation apunta a cómo la captura de las facultades de derecho en Estados Unidos por la izquierda impacta directamente las elecciones.
Pero el dato más duro no se queda ahí. En casi 200 escuelas de derecho acreditadas por la ABA, los profesores de izquierda que enseñan derecho electoral superan a los conservadores por casi siete a uno, según datos de PILA.
Ese desequilibrio alimenta, dice la fundación, las oleadas de «lawfare» contra las leyes de identificación de votantes y otras medidas de sentido común para asegurar y proteger las elecciones. Además, la fundación para Derechos Individuales y Expresión halló que solo 16% de los profesores de derecho, de unos 2.000, dice que una persona conservadora encajaría muy positivamente en su facultad.
El sesgo no se limita a las facultades de derecho. Otra encuesta de FIRE, con más de 6.200 profesores en 55 escuelas del país, encontró que casi 40% dijo que un colega conservador encajaría mal, frente a 3% que dijo lo mismo de los liberales.
El mensaje es claro: en vez de formar abogados para interpretar la ley con equilibrio, la burocracia académica está normalizando una sola visión política. Y cuando eso pasa, la ley deja de ser un marco común y se convierte en una herramienta de combate ideológico.
La nota llega más lejos al señalar que ese clima universitario también alimenta movimientos explícitamente antiestadounidenses y empuja a muchos hijos de la élite hacia activismo político, tecnología y medios con sesgo woke. El resultado es una clase dirigente cada vez más uniforme, menos plural y más hostil a los principios básicos de orden y ciudadanía.
Que no te lo cuenten. Si las universidades se dedican a adoctrinar en lugar de enseñar, el costo lo paga el país entero: elecciones más polarizadas, tribunales más militantes y menos libertad para quien no repite el credo correcto.
Otra vez la doble vara. Se habla de diversidad, pero se castiga al disidente. Se invoca la apertura, pero se excluye al conservador. Y así la academia termina haciendo exactamente lo contrario de lo que promete: no forma ciudadanos, fabrica activistas contra su propia sociedad.



