La coalición que el presidente electo Abelardo de la Espriella había armado en tiempo récord mostró sus primeras grietas tras apenas tres días de negociaciones. El detonante: la disputa por la Presidencia del Senado, donde el gobierno entrante respalda a Alfredo Deluque y el Centro Democrático empuja a Honorio Henríquez.
El expresidente Álvaro Uribe salió a dar la cara. «Si el tigre va a rugir contra nosotros, nos toca proceder como abejas africanas, laboriosas», dijo, y fue directo: hay una idea «en el entorno del presidente De la Espriella de acabar con este partido». Uribe también reveló que habló personalmente con De la Espriella para pedirle que aplazara el respaldo a Deluque, y que la respuesta fue negativa: el presidente electo lo atribuyó a «un compromiso personal».
Desde el Centro Democrático, el senador electo Rafael Nieto apuntó contra el ministro designado Rodrigo Lara: «Está dedicado a hacerle campaña y conseguir votos para Deluque, aunque Deluque sea un típico de los de 'siempre'». El partido argumenta que la Presidencia del Senado le corresponde por ser la bancada de gobierno más numerosa, con 17 senadores.
Las cuentas, sin embargo, favorecen a Deluque. Según el conteo publicado por El Colombiano, tendría asegurados, en teoría, ocho votos de La U, siete de Cambio Radical, cuatro de Salvación Nacional, nueve del Partido Conservador y diez de once de la Alianza por Colombia, para un bloque de 38 votos. Si suma los 13 liberales y los tres del MIRA, alcanzaría 54, por encima de los 52 necesarios. La negociación con el Partido Liberal y el MIRA sigue abierta; ninguno ha cerrado posición.
El propio Deluque restó dramatismo a un eventual voto limpio: «Me he elegido cinco veces a voto limpio y no le tengo miedo a eso». Pero días antes se lo vio a él y a Lara trabajando activamente en acuerdos. El Pacto Histórico —26 senadores— tampoco ha cerrado la puerta a Henríquez; el senador Iván Cepeda evitó descartarlo.
Lara intentó bajar la temperatura en la tarde: «En el gobierno entrante tenemos aprecio genuino, simpatía y afecto por el partido Centro Democrático. Nunca va a haber ningún intento por desestabilizarlo». Las palabras suenan conciliadoras. Los hechos, menos.
Que no te lo cuenten. Lo que está en juego no es solo un cargo legislativo: es quién controla el relato de la derecha colombiana durante los próximos cuatro años. El Centro Democrático teme, con razón, que un gobierno electo con votos propios termine absorbiendo al partido que lo hizo posible. Un congresista cercano a las negociaciones lo resumió sin adornos: «Si empiezan así por un cargo, imagínese cómo va a ser la gobernabilidad para lo demás». La advertencia vale. Una coalición que se fractura antes de gobernar es una coalición que ya está gobernando para sus rivales.



