La luna de miel duró poco. Álvaro Uribe Vélez salió a marcar territorio esta semana. Lo hizo en entrevistas con Blu Radio y Caracol Radio. El mensaje fue directo: el Centro Democrático no se deja desplazar.
El expresidente reconoció que su partido fue «el primer partido» en declararle apoyo a Abelardo de la Espriella. Lo hizo, según dijo, sin pedir cuotas burocráticas. Algunos politólogos, admitió, les reprocharon no haber negociado cargos. No les importó.
Ahora el panorama cambió. Uribe señaló que en el entorno del presidente electo hay una intención de crear una nueva fuerza política que reemplazaría al uribismo. «Es una pretensión de muchas personas del entorno del presidente De la Espriella», afirmó. Agregó que esa hostilidad ya tuvo expresiones públicas en redes sociales. «Hay un sector con una rabia contra el Centro Democrático que lo quieren acabar», dijo.
El límite quedó trazado con una imagen precisa. «Todo lo que sea del tigre en favor de la patria, recuperar la seguridad, apoyar al sector privado, cero corrupción, reducir el tamaño del Estado, ahorrar, lo apoyamos», declaró. Pero añadió: «Si el tigre, por su entorno, ruge para acabar el Centro Democrático, nos toca volvernos unas abejas africanas laboriosas y defendernos».
En paralelo, Uribe rechazó reunirse con el presidente saliente Gustavo Petro. Dijo que sería «contraproducente». Aclaró que algunos allegados a Petro le transmitieron el interés del mandatario. Él declinó. También cuestionó en X la candidatura del senador Alfredo Deluque para presidir el Senado. Lo señaló por haber votado varias reformas del gobierno Petro y recibido beneficios, incluida la ley de Paz Total.
En cambio, respaldó a Honorio Henríquez para ese cargo. Argumentó que el senador del Centro Democrático fue firme contra las reformas del petrismo y que, en su presidencia, tendrían garantías tanto el Pacto Histórico como la oposición.
Lo que está en juego aquí va más allá de una disputa de siglas. Colombia acaba de elegir un presidente de derecha con una agenda clara: seguridad, sector privado, Estado más pequeño. Esa agenda necesita una bancada sólida, no una guerra de egos entre aliados. El Centro Democrático tiene trayectoria y tesis propias. Disolverlo en un proyecto personal sería desperdiciar el único partido de oposición que resistió cuatro años de petrismo sin doblarse.
Contrafuego lo dice sin rodeos: la derecha colombiana ganó las elecciones. Ahora le toca no perder la paz interna antes de gobernar.



